El elixir de vida, un breve relato sobre la lactancia materna

Escribí este breve relato y artículo hace unos meses para compartir mi experiencia con la lactancia materna. Por suerte, tuve la oportunidad de asistir a un grupo que nos ayudó a Nadia y a mí a salir victoriosas de una lactancia que al principio se nos complicó. Sin duda, vivir esta experiencia sirvió para empoderarme en un momento importante de mi existencia, pero sobre todo me recordó cuán importante es buscar ayuda, compartir vivencias, hacer tribu. Aquí os dejo este texto sin más pretensión que dejar constancia de una situación, de un momento importante en este diario de vida que es el blog.

Cuentan que, cuando una mujer se transforma en madre, desarrolla unos superpoderes únicos: vivir y sonreír sin apenas dormir, desarrollar la paciencia infinita, interpretar los gestos del bebé hasta entender qué necesita, y entre ellos, uno espectacular, ser capaz de alimentarlo. Eso es la teoría, pero a veces no siempre se cumple, al menos, al principio. Eso le pasó a la protagonista de este breve cuento… Cuando nació su pequeña, intentó ejercitar ese superpoder que se le presuponía. Sin embargo, nada fue como había esperado y no era capaz de amamantar a su cría. ¿Tal vez ella no había sido bendecida con aquel superpoder? Lo buscó por todas partes, pero era incapaz de hallarlo y eso la sumió en una cierta tristeza. Sabía que en el mundo en el que vivía no era necesario aquel poder para que su hija viviera; existían alternativas para verla crecer, no como en sociedades ancestrales u otras actuales. Sin embargo, ella sentía que no debía desfallecer en la búsqueda de ese poder, no porque quisiera convertirse en una heroína −todas las madres lo son independientemente de cómo alimenten a sus hijos−, sino porque simplemente quería regalarle ese elixir de vida a su pequeña. Y después de mucho buscar, cuando ya casi se daba por vencida, encontró, por casualidad, un cónclave de mujeres sabias e inteligentes. Ellas le recordaron que su poder seguía intacto en algún lugar de su interior y decidieron ayudarla en ese camino hasta hallar de nuevo la fe perdida en sus pechos como dadores de vida. El camino no fue fácil, pues muchas pruebas tuvieron que superar tanto el bebé como la madre, pero así fue como en el nonagésimo día del nacimiento de la pequeña, aquella mujer recuperó completamente su poder y, lo más importante, su capacidad de creer en sí misma y en los procesos naturales de la vida.

Este pequeño cuento es la realidad de algunas mujeres que se enfrentan al hecho de dar el pecho a sus hijos. La lactancia materna se presupone como algo natural e innato, pero no siempre es fácil de establecer, o pueden surgir pequeños baches una vez establecida. Esto es lo que nos ocurrió a mi pequeña y a mí. Por razones varias, tuvimos que iniciar una lactancia mixta aun con todo el dolor de mi corazón. Sin embargo, contando con la ayuda y asesoramiento necesarios, logramos recuperar la tan anhelada lactancia materna exclusiva.

Y es que esa ayuda y asesoramiento existe. A veces, solo es cuestión de buscarla e intentarlo. Nosotras lo hemos logrado –como otros muchos casos que he tenido la oportunidad de compartir− en el maravilloso grupo de lactancia del CAP de San Rafael. Me siento muy afortunada por haber encontrar un espacio, un cónclave de mujeres sabias e inteligentes, donde me han aconsejado con cariño y respeto hasta lograr aquello que deseaba. El primer día que entré en el grupo de lactancia lo hice con lágrimas en los ojos por la tristeza y desorientación que me embargaba. El último día que asistí, también lo hice con lágrimas, pero de agradecimiento por todo lo vivido y compartido.

Por ello, si estás en una situación crítica ante tu lactancia materna –o simplemente, quieres compartir tu experiencia con otras madres−, busca, investiga y encuentra tu propio cónclave de mujeres sabias e inteligentes. Porque es posible, porque gracias a ellas este cuento ha tenido un final feliz y, tal vez, el tuyo también pueda tenerlo. El camino no siempre será fácil, pero si sabes rodearte, recuperarás tu superpoder.

Nadia y yo agradecemos infinitamente a nuestras hadas madrinas particulares de este cuento, la doctora Hortensia y la enfermera Romina, y al equipo médico de pediatría del CAP de San Rafael, por apoyar la lactancia materna desde el respeto y a todas esas maravillosas madres con las que he coincidido en el grupo que nos han acompañado y apoyado en todo momento y de las que he aprendido tanto.

Si quieres leer el relato en catalán, aquí lo encontrarás.

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