Un ángel en la octava planta

Si los ángeles existen, yo he tenido la fortuna de que uno de ellos me visitara. Justo cuando más lo necesitaba, en aquel preciso instante en que la esperanza escaseaba… Qué curioso, esperanza, como la que traes Nadia incorporada en el significado de tu propio nombre.

Si los ángeles existen, yo he tenido la suerte de que uno de ellos me acogiera entre sus brazos-alas y me acompañara en aquella noche oscura. A su manera, me guareció y no me soltó en ningún instante.

Si los ángeles existen, yo he tenido la suerte de que uno de ellos me bendijera con un beso y un “todo saldrá bien”. Y en solo esas tres palabras, deposité  toda mi confianza, mi fuerza y mi creer.

Si los ángeles existen, yo he tenido la suerte de que uno de ellos cuidara de mi pequeña superheroína y de mí como si su vida fuera en ello. Con tu “gracias por confiar en mí” diste broche final a aquella noche, que recuerdo entre nebulosas de pensamientos y sentimientos.

Si los ángeles existen, uno de ellos se esconde bajo un traje rosa –creo rememorar-, con mirada dulce y gesto afable, entre medicamentos, termómetros y curas en la octava planta de Vall d’Hebron.

Gracias infinitas, ángel de carne y hueso y espíritu mágico, por desvivirte y ejercer tu trabajo con una humanidad que aun resuella en mis sentires. No creo que me leas, pero gracias Jeny, por ser luz en noche oscura, por ser esperanza en momentos opacos, por ser ternura en situaciones difíciles.

Y a los “afortunados” que nos encontremos con estos seres alados, démosle las gracias lo mejor que sepamos. Porque, en el fondo, muchos más ángeles necesitamos en este mundo que impregnen de buenas obras nuestra cotidianidad. Ojalá yo también sea ángel algún día para devolver y reconfortar con mis palabras a quien lo necesite igual que hicieron conmigo.

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