La flor púrpura

Hace ya unos meses llegó a mis manos esta historia. Fue el regalo de una gran amiga -acaso, la mejor-. Solo por eso, por lo que me conoce, por cómo es ella, sabía que esta lectura valdría la pena. Pero mi vida lectora en los últimos tiempos se ha visto reducida drásticamente, así que este libro quedó mucho tiempo esperando pacientemente en mi mesilla de noche. Hasta que llegó su momento y, creo que no podía haber sido mejor.

He leído a Chimamanda en estos meses atrás en que una oleada de voces se ha levantado en pro de la igualdad de mujeres y hombres. Auspiciada por un 8 de marzo que se ha celebrado como pocas veces en la historia, yo me dejé llevar por esta historia que tiene mucho de feminista, como la propia autora se reivindica a sí misma.

La flor púrpura es una historia que se vive y, por tanto, duele y te sonríe a partes iguales -tal vez, haya más dolor, pero como toda historia iniciática también está repleta de inocentes descubrimientos . También es una historia construída a partir de sentimientos universales, totalmente reconocibles, aunque la historia se sitúe en una zona de Nigeria de hace algunas décadas . Debo admitir que la cultura africana me resulta completamente desconocida -una siempre tira más a hacia Oriente- y adentrarse en ella, en algún momento, me ha resultado un poco complicado. Pero, creo que lo válido de las buenas obras es que poco importa que la cultura y las costumbres sean diferentes, lo que prevalece es lo común: los temas que forman parte de la cotidianidad. Así en La flor púrpura viajamos por esos grandes temas inherentes al ser humano como el despertar a a la vida, a la curiosidad, al amor, la rebeldía ante los progenitores, la lucha con uno mismo por hacerse oír, el dolor de la culpa, etc. Son tantos los temas que se tocan que creo que cualquiera puede sentirse identificado.

La lectura resulta calmada, reposada, de esas historias en las que parece que no pase nada, pero pasa todo. Porque todo lo que acontece lo hace por dentro de los personajes como resultado de acciones sutiles o en apariencia sin trascendencia -como esos días en casa de la tía Ifeoma que lo cambian todo.

Y decía que había llegado en un buen momento esta lectura, porque en ella se reivindica ya el concepto feminista que la autora ha seguido trabajando a lo largo de su obra y, de manera explícita en títulos como Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo. Y ya que hablamos de reivindicar, reivindiquemos también la voz y la autoría femenina también en la literatura. Hace unas semanas tuve una estupenda clase con Bel Olid -escritora y activista feminista- y nos habló -y a mí particularmente me hizo reflexionar- sobre la necesidad de hacernos ver -como escritoras-, de sacarnos a la luz. Durante mucho tiempo hemos estado a merced de la vida estipulada -matrimonio, hijos, trabajo-, ¿pero dónde quedaba nuestra creatividad? Muchas veces sofocada entre fogones y biberones. Es hora de reivindicar nuestra espacio creativo, nuestro espacio público, que se nos vea, que se nos valore. Y, sin duda, eso empieza por nosotras mismas, por creer en nuestras capacidades, por buscar nuestros espacios, por hacernos visibles.

Chimamanda nos lo recuerda con su propio ejemplo, con su propia obra -sin excusas-. Ahora hace falta que otras nos apliquemos el cuento. En mi opinión, Chimamanda es una voz que merece ser leída y escuchada -no os perdáis la charla TED que os dejo más abajo sobre lo que es el feminismo y lo que podemos hacer cada uno de nosotros por contribuir a ello-. Es una voz lúcida y clara, una voz que elabora de manera sutil en sus frases todo un espectro de sentimientos únicos.

Para muestra un botón, así que antes de dejaros con el vídeo de la charla, os dejo con dos perlitas de esta obra. Dos frases sencillas en apariencia, pero que revelan el despertar de la protagonista a la vida respresnetado en el reconocimiento de la sonrisa de los demás o de la suya propia. ¿No os parecen preciosas?

“En el rostro de Jaja se dibujó una sonrisa tan amplia que me permitió descubrir unos hoyuelos en sus mejillas que nunca antes había visto”.

(…)

“Me eché a reir. Mi propia risa me resultaba extraña, como si estuviera escuchando una grabación en la que se reía un extraño. No estaba segura de haber oído alguna vez mi propia risa”.

(…)

La flor purpura, Chimamanda Ngozi Aichie. Literatura Random House

Anuncios

Ser. Tener. Triunfar.

El otro día tuve el placer de introducirme en una historia ajena –en  forma de película-, de esas que, de alguna manera, se te prenden en el interior y te las llevas, las incorporas a tu acervo personal como un pequeño tesoro. Era una historia íntima, de libros, sueños, luchas y pérdidas. Y como las buenas historias que te dejan poso, esta también lo hizo, especialmente, a raíz de una de las frases finales en el clímax dramático de la película (la transcribo tal como la recuerden, perdonen que la cita no sea exacta):

Ella logró su sueño, pero se lo arrebataron. Sin embargo, hay algo que no pudieron quitarle, algo que emanaba de su interior: su coraje.

He de admitir que salí tocada por esa historia personal, como si yo misma la hubiera vivido. En el camino de regreso a casa, donde me esperaba una pequeña que me hace vivir el presente y no me da tiempo a elucubraciones mentales, me dejé llevar por unos minutos por mis pensamientos, tal vez, como hacía tiempo. Y rememoré mis propios sueños, mis triunfos y caídas y no pude por menos que preguntarme: ¿qué significa triunfar?

Seguramente, si le hiciera esta pregunta a la Silvia de hace unos años, la respuesta hubiera sido diferente a la que ahora daría. Porque, en realidad, triunfar que es: ¿tener títulos académicos, tener el trabajo mejor remunerado,  tener la vivienda más bonita, tener pareja, tener familia, tener muchos seguidores, tener muchas ventas, tener…?  Siempre el verbo tener. Hace tiempo que ese verbo y yo no somos muy amigos, porque sé que ese no es mi camino.

Pero sigamos con lo que preguntaba: ¿qué es triunfar? Ahora que vuelven a estar de moda las operaciones triunfo y el valgo por lo que tengo, me enarbolo con la bandera del ser. Porque el tener pasa, el ser queda. Así que, aunque obviamente, uno prefiere tener un trabajo que le guste, a poder ser bien pagado –algo extraño en los tiempos que corren-, tener un lugar bonito en el que vivir, tener una vida compartida con alguien a quien quieres, yo ensalzo el ser. El ser buena persona en el sentido profundo -aunque a veces no esté de moda y sea mejor ser un poco hijo de puta-, el ser transparente, el ser coherente, el ser sensible, el ser amigo, el ser atento, el ser educado, el ser amable, en definitiva, el ser. Ser de presente. Ser y mirarte al espejo sin miedo a que las sombras te puedan. Ser y mirar de frente a los demás sin cuentas pendientes. Ser y mirar tu interior para descubrir que los valores que quieres para ti se están cultivando ahí adentro. Y entonces percibo que eso es triunfar: ese momento, aunque sea ínfimo, en que sientes paz contigo mismo, porque estás en el lugar que debes, haciendo lo que sientes –lo que te dicta ese ser tuyo y único. Ese es el verdadero triunfo. A veces, es un triunfo escurridizo; otras veces, lo puedes casi casi palpar. A veces, perdura en el tiempo, otras es imperceptible.

Tal vez, nos arrebaten sueños, tal vez, a ojos de los demás podamos ser perdedores. Nada de eso importa, porque siempre permanecerá lo que hay ahí dentro: ya sea tu coraje, tu valentía, tu ser y todo lo que eso conlleva. Porque todo eso es lo que transmitimos y, de alguna manera, lo que deja huella en la vida, en los demás, en el mundo. Y entonces da igual los triunfos y las caídas. Tú y tu historia también habrán prendido en la vida de otra persona y le harás pensar y reflexionar, tal vez, en sus propios sueños, en sus triunfos, en sus anhelos, en sus caídas, en su ser. Tal como hizo la Sra. Green conmigo un sábado a través de la pantalla de un cine. Como antes, había hecho en palabras Penelope Figtezarld, la escritora de la novela en la que se basa la película que vi.

Si hiciéramos un símil, siguiendo el tema libros, que preferirías ser: ¿libro leído y vivido, desgastado de las manos que lo han tocado, o un bestseller temporal? Y retomo la pregunta para finalizar: ¿qué es triunfar para ti?

Por cierto, por si aún os lo estáis preguntando, la película es “La librería” de Isabel Coixet. Os la recomiendo encarecidamente.

Érase una vez Carmesina en el Amazonas…

Carmesina_Freyzer_Andrade

El título de este post puede sonar a principio de un nuevo relato de la muchacha del parche. Siento decepcionaros, pero no es el caso… Aunque todo llegará, porque Carmesina ha decidido darme el último empujón con una nueva historia suya, pero de eso os hablaré otro día.

Volvamos al título del post. Érase una vez Carmesina en el Amazonas… Puede parecer obvio que cuando uno escribe o crea algo esto puede llegar a cualquier rincón del mundo y, más hoy en día, que todos estamos intercomunicados. Sin embargo, no deja de ser curioso cuando de repente te enteras que hay un artista del Amazonas, -sí, sí, del Amazonas- que es un gran apasionado de este personaje. Y que además tiene un familiar, una niña de 7 años superfan del personaje y a la que llaman cariñosamente “la Carmesina del Amazonas”. Pero mucho más curioso es cuando te explican que este artista está en Barcelona y quiere conocer a quién está detrás de la muchacha del parche.

Sí, además del título del post, toda esta historia puede parecer fruto de la imaginación irracional de una escritora, pero nada más lejos de la verdad. Ya se sabe, la realidad supera a la ficción. Y este es uno de esos casos.

Freyzer Andrade es el nombre de este artista, un joven polifacético y apasionado de la pintura, pero que también escribe y esculpe. ¡Vamos un hombre renacentista total! Tuve la suerte de conocerle junto a David G. Forés y Desiree Arancibia, en su periplo por Europa en busca de galerías donde exponer su arte.

Freyzer_Andrade_Gato_Negro img_9779

 

Acompañado de su marchante de arte, y entre su brasileño, nuestro inglés y el castellano de su acompañante pudimos hacernos una idea de cómo es el lugar donde nació, Boca de Valeria, y cómo es su vida allí.

 

 

Cómo, a falta de recursos para tener pinturas acrílicas o acuarelas, pinta tomando pigmentos de la propia naturaleza. También nos habló de la “Carmesina del Amazonas”, Lanae, su sobrina, a la que pintó una camiseta de la muchacha del parche y  de cómo, desgraciadamente, estamos destruyendo ese paraíso natural que es un pulmón para la tierra.

 

Después tuvimos la oportunidad de verlo trabajar en una ilustración de Carmesina, inspirado, tal vez, por nuestro muso particular, Gato Negro –al que yo también me alegré muchísimo de ver−. Y después de un intercambio de fotos, nos despedimos deseándonos mutuamente la mejor de las suertes.

freyzer_andrade_visita

Esto solo podría parecer una anécdota más, pero es que a veces la vida está hecha de estas anécdotas y momentos. Sigo sorprendiéndome –y que así continúe siendo- de que mi querida Carmesina vuele sola tan lejos y sea capaz de enamorar a otras personas, incluso de otras culturas y que están a miles de kilométros. Supongo que esto es la magia de la vida. Y con esa magia me quedo. ¡Obrigado, Freyzer!

Inspiración, inspirar, inhalar vida

 

Musas_Lainspiraciondormida

Inspiración

Del lat. inspiratio, -ōnis.

  1. f. Acción y efecto de inspirar o inspirarse.

Inspirar

Del lat. inspirāre ‘soplar’.

  1. tr.Aspirar el aire exterior hacia los pulmones. U. t. c. intr.
  2. tr.Infundir o hacer nacer en el ánimo o la mente afectos, ideas, designios, etc.

———————————————————————————————————————————–

A Bienve

Decía Fiamma a Carmesina que las musas no pueden atraparse, que la inspiración viene cuando menos la esperas.

Inspiración, inspirar, aspirar aire, inhalar vida…

Lo que no le dijo Fiamma  a Carmesina es que a veces ocurre, en pocas ocasiones, pero sucede, que en determinados momentos de la vida, las musas vienen a visitarte y si eres afortunado, una de ellas puede depositarse en la palma de tu mano. Ellas son caprichosas, volátiles, etéreas como el aire… Sin embargo,  en ese momento, solo debes dejar que te mire, que te observe en lo más profundo de tu ser y, sin tú decirle nada, ella prenderá tus deseos más profundos para llevárselos allí donde la magia los puede transformar en realidad.

Si eres uno de esos afortunados, recuerda, las musas no pueden atraparse, pero si ellas vienen a ti, simplemente inhala aire, infunde vida y déjate inspirar…

Y si aún no han llegado a depositarse en la palma de tu mano, sigue imaginándolas, sigue creyendo; es posible que en este mismo instante estén planeando visitarte. Permíteles encontrar el camino a ti.

10 curiosidades sobre La inspiración dormida

La-inspiracion-dormida-Silvia-G-Guirado

Hace unos meses escribí esta entrada. Como no fue publicada tal cual, pensé que estaría bien recuperarla para el blog. Si eres de los que ha leído La inspiración dormida, puede que te resulte curioso saber algunas intimidades y anécdotas de cómo se gestó la historia. Si aún no lo has leído -y ya estás tardando-, estas 10 cosas pueden despertar tu curiosidad. Advertido quedas y ahora solo a disfrutar.

1) El origen de esta historia fue escrito hace mucho tiempo… No era la misma historia ni la misma protagonista, pero la esencia estaba en aquella historia juvenil que escribí con 15 años  y que era un homenaje a Michael Ende. Aún guardo, como oro en paño, aquella historia escrita a mano. Tal vez, algún día la recupere.

2) El título del libro fue complicado, muy complicado. Le dimos muchas vueltas y más vueltas y, al final, aposté por La inspiración dormida y gustó. Lo más curioso fue que al releer notas que había escrito a lo largo del proceso de la novela, ese título ya había surgido como idea. De alguna manera, siempre me había acompañado en todo el proceso creativo. ¡Me fascinan estas casualidades!

3) El libro tiene 13 capítulos, porque 13 es el número de la supuesta “mala suerte” y era una manera de homenajear a Gato Negro, protagonista y compañero infatigable de Carmesina. Y también un homenaje a mi muso particular, Playete.

4) El título de cada capítulo es un color y no están escogidos al azar. Estuve investigando sobre el significado de cada uno. Así que cuando lo leas, tenlo en cuenta. Por ejemplo, el violeta es un color que hace referencia a la transformación y el añil, se asocia a la generosidad y la intuición. El resto te dejo que los descubras por ti mismo.

5) Algunos de los paisajes por los que pasea Carmesina en su viaje en busca de la inspiración son lugares que he tenido la oportunidad de visitar y que han dejado una huella indeleble en mí. Cada uno por sus razones o motivos que se resumirían en: París y que tu padre te descubra la Torre Eiffel igual que Marcelo a Carmesina. Florencia por vivir en carne propia el síndrome de Stendhal e irme de ella con lágrimas en los ojos. India, por hacerme crecer…

6) Hay un capítulo que homenajea al mundo del cine y es que siempre ha sido una de mis grandes pasiones. Fue un capítulo realmente muy divertido, donde pude mezclar a los personajes de la historia con actores como Charles Chaplin y recrear alguna escena de la mítica  Una noche en la opera de los Hermanos Marx, una de las películas que veía de pequeñita. ¡Mec, mec y dos huevos duros!

7) Uno de los personajes inventados para esta historia es Marcelo, un poeta. A mí me gusta la poesía y aunque he hecho mis pinitos, no soy experta. Pero tuve la gran fortuna de que alguien muy especial me brindará dos poesías que aparecen en el libro. Una de ellas existió antes que el libro y con sus versos cambió toda mi historia personal. ¡Gracias, Diego!

8) Y la poesía también es protagonista en el capítulo Verde, que empieza con unos versos de Walt Whitman y su Canto a sí mismo. Si no habéis leído nada de él, os animo a hacerlo. Es increíble la energía que desprende.

9) El capítulo Añil contiene un cuento dentro de sí mismo. En él hablo del Holi, una fiesta india. Por favor, no os toméis en serio el origen de la fiesta que os explico en el cuento. Es totalmente inventado y en relación al relato 😉 ¡Curiosamente, años después yo también disfrutaría de esta fiesta! Sorpresas que tiene la vida.

10) Confesaré que la escritura de este libro fue muy intensa y con él viví diferentes emociones: lloré con el capítulo Violeta, me reí muchísimo con el capítulo Amarillo y me peleé en todos los sentidos con el capítulo Negro y el capítulo Blanco. Y cuando ya tuve el libro en mis manos, volví a llorar al recordar todo el viaje vivido junto a Carmesina y Gato Negro. En el fondo cada libro te hace crecer, sentir y experimentar. Y que así sea siempre.

Carmesina, del papel a muñeca de trapo

carmesina2

Suelen decir que las cosas más especiales en la vida ocurren de forma inesperada. Cuentan que las situaciones que más nos emocionan son aquellas que llegan cuando menos te lo esperas. Así llegó Carmesina a mi vida. Así ha llegado esta muñeca de ella a mi casa…

En alguna otra ocasión ya he explicado el origen de Carmesina, pero hoy quería compartirlo con vosotros. Porque de aquel día a hoy, en que he recibido esta preciosa muñeca, han pasado muchos colores por mi vida…

Carmesina nació una tarde cualquiera de un domingo de finales de invierno, principios de primavera. Recordaré siempre que hacía tiempo que no escribía, que parecía que la inspiración me hubiera abandonado y que mi pozo de experiencias se hubiera agotado en cuanto a la tinta en el papel blanco. Pero aquella tarde cogí el ordenador, me aislé en mi mundo y casi del tirón nació el cuento de Los colores olvidados, Carmesina y Gato Negro. Fue un momento mágico, así lo siento, porque no hubo dudas ni vacilaciones. Es como si de alguna manera esa historia hubiera estado latente en mí y solo hubiera necesitado que yo me pusiera en el teclado.

Mientras escribía esa historia, Carmesina aún no tenía nombre, era una X en medio de las palabras. Pero al final, cuando pensé en la canica y en su color, no lo dude un instante: si la canica era carmesí, Carmesina debía ser su nombre.

Dejé la historia reposar y a punto estuve de presentarla a un concurso de relatos para Sant Jordi (Día del libro). Pero no fue así, porque tal vez el destino de Carmesina debía ser otro. Unos pocos meses después, surgió la opción de escribir cuentos en Play Creatividad y ahí incorporé este relato de un domingo por la tarde cualquiera de finales de invierno, principios de primavera. Y, por supuesto, ahí llegó David G. Forés y le dio rostro y cuerpo a la Carmesina de espíritu, sentimientos y palabras.

El resto de la historia es conocida… O tal vez, no toda. El caso es que ya hace 6 años que esta niña se me presentó junto a Gato Negro y ya se quedaron para siempre conmigo.

carmesina

Ahora 6 años después vuelve en forma de muñeca para recordarme que ella está aquí, que siempre lo estuvo y lo estará… También como algo inesperado y cuasi mágico, esta Carmesina ha llegado desde Perú -¡si que ha viajado lejos mi niña!- por obra y gracia de la artista Julia Amelia. Y de ella os quiero hablar ahora. Julia Amelia es una mujer creativa, una artista con todas las letras que decidió hacer aquello que siempre le había gustado y rendir tributo a las muñecas de su infancia, aquellas que le hacía su madre con cuatro telas y poco más. Y de ahí surgió La Maison de Julia Amelia, su proyecto emprendedor de muñecas personalizadas. Un ejemplo de coraje, de que nunca es tarde para soñar y llevar los sueños a la acción. Carmesina se sentiría muy identificada con Julia Amelia y, por ello, parece lógico que si alguien tenía que hacer una muñeca de ella, fuera Julia Amelia. Si queréis curiosear –como buen Gato Negro- el trabajo que realiza, podéis seguir su página de facebook.

Desde aquí, una vez más Julia Amelia, gracias por esta muñeca preciosa, gracias por ser ejemplo e inspirar, gracias por traerme de nuevo a “mi niña” a la que a veces he creído perdida.

Y ahora Carmesina luce en cuerpo –de trapo- y en espíritu en la misma habitación que la vio nacer aquella tarde cualquiera de un domingo de finales de invierno, principios de primavera. Y así cerramos el círculo… O lo dejamos un poco abierto para que vuelva siempre que lo desee.

 

84, Charing Cross Road

84 charing cross

Imbuida por el espíritu de un viaje a Londres este verano, de pasear por sus calles y, en concreto, por sus librerías de viejo cercanas a Trafalgar Square, quise leerme 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff. Un libro del que había oído hablar en varias ocasiones y al que nunca me había acercado. Así que recién llegada, lo solicité a la biblioteca y en pocos días me avisaron que ya lo tenía. Y cuando fui a recogerlo, dispuesta a resarcir ese gusanito que hacía tiempo me había picado, me encontré con la sorpresa de un libro breve, brevísimo…

Pero en esas pocas páginas, poco más de 100, me encontré con dos cosas que me sorprendieron de la historia: el uso de las cartas como único hilo conductor y el modo en cómo consigue enamorarte de los personajes. Es curioso, como a veces en unas solas páginas se puede esconder tal verdad que llegas a empatizar con los personajes y con la historia de una manera cuasi mágica.

Las cartas… ¿Alguien recuerda lo que es escribir una carta? Y no me refiero a escribir un mail, ni un whatssap por muy largo que sea, ni siquiera, un mensaje de facebook. No, una carta de tu puño y letra, con borrones y unas cuantas páginas. ¿Cuánto hace que no escribes una carta? Precisamente, fue esa una de las cosas que más me gustaron del libro, volver a un tiempo donde la inmediatez de la respuesta no existía, donde la comunicación entre dos personas podía demorarse meses sin perderse por ello el interés y no estaba supeditada al doble click azul, donde la prisa no era moneda del día a día, donde alguien podía “perder” su tiempo en escribir cartas, aunque fueran breves, para solicitar una novela a una librería en la otra punta del mundo. He de reconocer que, por un momento, envidié esa época en la que Helene Hanff y Frank Doel vivieron. Evidentemente, no en toda su totalidad, pues pasaron por una posguerra y tiempos difíciles y llenos de penurias. Pero sí me deleité con esa percepción del tiempo que hemos perdido donde todo transcurre en una agradable lentitud y sosiego… Y, de alguna manera, durante estas ciento y pocas páginas, yo también tuve la oportunidad de parar y dejar que la vida pasara sin agobios ni rutinas ni prisas imperiosas. Y eso solo lo consiguen los buenos libros.

La verdad de la historia y el enamoramiento de los personajes… Ciertamente, hay muchos libros que te cuentan historias reales, historias cotidianas con las que resulta fácil sentirte identificado. En principio, este no es el caso de esta historia… El punto de inicio dista un poco de nuestras visiones actuales. Sin embargo, consigues hacerla tuya de manera cuasi mágica y apreciar a esos personajes. Apenas sabemos nada de ellos, más allá de lo que nos cuenta en las cartas –que más bien es poco-. Así que uno se construye en su mente esos personajes a través de los pequeños esbozos que va encontrando carta a carta y, aunque parezca increíble, al final esos personajes son completos en tu mente. Los has hecho tuyos a través de esos años de intercambios de vida. Y es que a veces el menos es más… A veces no necesitas de grandes descripciones ni análisis de personajes para conocerlos. Simplemente, necesitas que desprendan vida. Y eso es lo que tiene este libro: vida.

Sé que existe una versión cinematográfica protagonizada por dos grandes como Anne Bancroft –mi siempre Señora Robinson- y Anthony Hopkins. Creo que por una vez y sin que sirva de precedente no voy a ver la película… Quiero que mi Helen y mi Frank sigan siendo los que conocí en el libro, no quiero ponerles más rostro, ni gestos ni más detalles… Solo quiero conservarlos tal como los he leído en sus propias cartas.

84, Charing Cross Road es una pequeña joyita para disfrutar sentado junto a una taza de té y dejando que los minutos pasen sin prisa. Solo tú, Helene y Frank –y, por supuesto los demás personajes secundarios- y esas cartas… Esas cartas tan llenas de encanto, literatura y lucidez. Como la vida misma…

PD: Efectos secundarios de la lectura del libro: estoy segura que después de leerlo, querrás recuperar el noble arte de cartearte. Yo ya lo he hecho. Si me lees, Sandra, una está cruzando tierras y océanos para ser leída por ti.