Estreno nuevo proyecto con Leónidas: vídeo-cuentos para los más pequeños.

Por fin puedo volver por estos lares míos para explicaros que tengo mano a mano un pequeño gran proyecto con mi amiga Elia (la persona que se esconde bajo la marca handmade Maripili).

Pero  vamos paso por paso. Elia es una crafter en toda regla, lo que diríamos en castellano una artesana como la copa de un pino. Tanto te dibuja, te cose, te pinta y así un largo etc. Una de las pequeñas maravillas que hace son unos muñecos de fieltro que cose puntada a puntada y que transforma en broches u otros complementos.

No creáis que me estoy yendo por las ramas –aunque sé que tengo tendencia a ello-. Todo esto que os explico me lleva a una idea que tuvo Elia y que consistía en darle vida a sus muñecos de fieltro en forma de vídeo-cuento. Y aquí entra una servidora. Elia, como buena amiga y siempre dispuesta a animarme en mi escritura, me sugirió que le creara un cuento.

Y de aquí surgió  Leónidas, este cuento protagonizado por un león que no sabe cómo demostrar su cariño. Escribí el cuento en plena cuarenta –ese temido periodo tras el parto- y en él, indefectiblemente, se colaron algunas de las vivencias que yo estaba experimentando. Por aquel entonces, estaba descubriendo que era eso de los cólicos, de los despertares nocturnos, de las dificultades para entender lo que le ocurre a tu pequeño cuando llora o está inquieto… Y de esa, a veces, frustrante sensación de no saber qué hacer surgió Leónidas, ese rey león que no es capaz de dormir a su cría. Después vino el resto del cuento y los muñecos de Elia me ayudaron a crear la historia y darle un mensaje positivo a aquel cuento. Así vuelvo a mi camino de la literatura infantil que inauguré con las adaptaciones de Los colores olvidados.

A Elia le gustó el relato y se puso manos a la obra.Primero, creó los personajes, cosiéndolos poquito a poco, y luego adaptó el cuento y montó el vídeo.

Y aquí lo tenéis. ¡Tachán, tachán! Todo un placer enseñaros a este Leónidas.

El cuento está pensando para niños pequeños (de entre 2-5 años) –y es que por lo que he podido observar en lo que llevo de mi corta vida como madre, es poderoso el atractivo de una pantalla para un bebé/niñ@-. Pero, sin duda, yo aconsejo que puedan verlo los peques con algún adulto. De esta manera, aunque sea a través de una pantalla se mantiene el vínculo del momento del cuento entre adulto y niñ@ y después del visionado podéis comentar los personajes y sus actitudes, la historia, etc.

Además, ya podéis ver también la versión en inglés y catalán.

Anunciaros que dentro de poco encontraréis el vídeo-cuento en otros idiomas. Y esperemos que no sea el último… Quién sabe, tal vez, algún día podáis leer el cuento en papel o jugar con estos muñecos hechos marionetas. Cada cosa a su tiempo. Por el momento, ya estamos pensando en el siguiente y el protagonista no puede ser más chulo y astuto. ¿Adivináis cuál es?

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Diario de un vampiro en pijama

Diariodeunvampiro

Este Sant Jordi fue bien diferente al de años anteriores. Por primera vez en unos cuantos Sant Jordi no estuve firmando libros, sino que estuve en el otro lado. Así que aproveché para perderme con la muchedumbre de las calles barcelonesas. No iba pensando en comprarme ningún libro, pero hay historias que llegan a uno en el momento justo y así sucedió con este Diario de un vampiro en pijama de Mathias Malzieu. Lo primero que llamó mi atención fue su título; después vi quién era su autor e, indefectiblemente, me fui a la contracubierta y, en su solapa, leí las palabras mágicas: “Malzieu devuelve al lector la necesidad de soñar y la capacidad de sorprenderse con los pequeños milagros cotidianos”. Fueron suficientes estas cuatro palabras para sentir que era mi libro, pues justamente esas mismas ideas centran la historia que ahora estoy finalizando de escribir. Y con esas expectativas me llevé el libro bajo el brazo… Y esas expectivas fueron cumplidas. Con creces. A lo grande. Pero todo a su tiempo.

De Mathias Malzieu me he leído todos sus libros. Podría decirse que soy una auténtica fan, aunque os he de confesar que me declaré seguidora acérrima cuando tuve la oportunidad de conocerlo.

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Fue en la Feria del Libro de Madrid del 2010.Allí fuimos David G. Forés, el ilustrador de Los colores olvidados, y yo a firmar libros y, en el mismo stand, a la misma hora, lo hacía Mathias Malzieu. Obviamente, al saberlo me llevé mi ejemplar de La mecánica del corazón y entre firma aquí y firma allí, estuvimos hablando con él. Siempre se mostró simpático, solícito, encantador –nada de humos de autor superventas, todo lo contrario-. Nos hicimos fotos, intercambiamos ideas sobre proyectos y él se llevó un Colores Olvidados a su casa y yo un encuentro entrañable para mi haber personal y un cumplido en forma de dedicatoria. Después de aquel encuentro, dos visitas a Barcelona y un par de mails intercambiados, le perdí la pista, aunque seguí su carrera literaria hasta hace unos tres años.

Por aquel entonces era 2013 y, definitivamente, no fue un buen año. Ni para mí, ni mucho menos para Mathias. En aquel noviembre, a Mathias Malzieu le detectaron una grave enfermedad que le ponía al borde de la muerte. Solo un trasplante de médula parecía ser la solución, pero el camino hacia esa salvación iba a ser mucho más complejo de lo que pudiera imaginarse. A partir de ese momento, empezó a escribir un diario, este diario que hoy ha sido publicado, y que le sirvió para sobrellevar la dura experiencia que estaba padeciendo.

Con esa premisa, me adentré en la lectura, no sin antes encontrarme otro guiño vital que el destino me dejaba: el libro se inicia con unos versos de Hojas de Hierba de Walt Whitman . ¡El tío Walt! Ese mismo Whitman al que yo también recurrí para iniciar el capítulo verde de La inspiración dormida.

Y entonces empecé a devorar cada palabra, a sentir cada frase, a sufrir cada situación, a sonreir con las anécdotas. Leer Diario de un vampiro en pijama supone acompañar a Mathias en un duro proceso; a capítulos con más intensidad e incertidumbre, a capítulos con una sonrisa y esperanza, pero siempre con un fin, sobrevivir. Y lo hacemos a través de una prosa poética, ya típica de Malzieu, y de una imaginación portentosa que convierte, por ejemplo, a la muerte en Dama Ocles, una figura que va apareciendo a lo largo de este diario. Esta historia, a veces, duele –no os voy a engañar-, pero también ilumina por la energía y la lucha que desprende cada momento. Haber conocido –aunque fuera breve y ligeramente- a Mathias y leer esta historia tan íntima y personal, a momentos, me ruborizaba, como si le estuviera espiando por un agujerito de esa habitación aséptica en la que estuvo ingresado. Como lector vives intensamente su historia, porque Mathias se desnuda en cada una de sus palabras y lo hace a pecho descubierto, a sentimientos a flor de piel.

Dos cosas me han entusiasmado de esta lectura. En primer lugar, me fascina el uso que hace Mathias de la fantasía para sobrevivir –y nunca mejor dicho-. Siempre he pensado que la imaginación puede ayudarnos y salvarnos de la realidad cuando está se presenta cruel y complicada y este libro me lo ha venido a demostrar una vez más. Y lo ha hecho con fuerza, como un gran torbellino que me susurrraba dulcemente que siguiera creyendo, que siguiera imaginando, que la vida en sí misma es un regalo.  Y, en segundo lugar, me ha emocionado de una manera especial que esta historia -esta vivencia real- nos recuerde que los momentos, los breves gestos, las personas que te quieren y a las que tú quieres, en realidad, son nuestros pequeños milagros cotidianos, esos milagros que tantas veces olvidamos. Como dice el propio Mathias en su libro: “Yo que tanto he soñado con quimeras, gigantes, monstruos enamorados y otras sirenas, aquí estoy, luchando por volver a la normalidad. El más poderoso cuento de hadas (…) Para mí, el amante de sueños, el más hermoso regalo sería poder revivir como todo el mundo”.

Y es que, al final, una historia como esta es una transfusión, no de sangre como las que necesitaba el vampiro Mathias, si no una transfusión de fe, de vida, de magia para todos nosotros, sus lectores. “¡Oh, pasión” ¡Oh, paciencia! Oh, Dama Ocles, que todavía remolonea en las sombrías comarcas de mis dudas. El hecho es que hoy puedo vivir sin la sangre de otros. Soy un superviviente hemato-poético. ¡De nuevo, todo es posible”.

¡Gracias desde el alma, Mathias, por este regalo! Por tu imaginación, por Whitman, por ser un soñador profesional, por tu poesía y por reenamorarnos de nuestra cotidianidad.