La vida mágica de las historias cotidianas

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Ya estamos a punto de acabar el año y nada mejor que finalizarlo poniendo el punto final (…o aparte) a una nueva historia de Carmesina.

Después de mucho tiempo –de años− detrás de Carmesina para que me contara su nueva historia, por fin, puedo decir que he conseguido aquello que  me parecía imposible: darle de nuevo vida.

Han pasado muchas cosas desde que escribí La inspiración dormida hace cinco años. De algunas no fue fácil recuperarse, pero con paciencia y búsqueda, una va saliendo de todo. A veces me hubiera gustado que todo hubiera pasado más rápido, sin embargo, las cosas suceden cuando han de suceder y, tal vez, si el punto final (…o aparte) no había llegado a esta historia es porque no tenía que ser.

He luchado muchos días por darle voz a Carmesina, me he peleado con ella y he llorado porque me parecía perdida y lejana. ¡Qué tonta fui! Eso no puede ocurrir, más que nada porque Carmesina no estaba ni perdida ni lejana, estaba en mí. Siempre lo ha estado. La que estaba perdida y lejana era yo y, por ende, también lo estaba ella. Tal vez, penséis exagerado que hable de ella de esta manera, pero supongo que quienes habéis dado vida a algo  podréis entenderme.

Después de tener abandonados estos papeles, debatiéndome en qué hacer con ellos, si abandonarlos o creer en ellos, decidí apostar por lo segundo. Y cuando digo apostar es, simplemente, darle ese punto final (…o aparte).

Hace unas semanas desempolvé el proyecto y lo volví a leer y yo tan crítica conmigo misma, me dije: esto no está tan mal… Puede que no sea la misma Carmesina de La inspiración dormida, pero es lógico, yo tampoco lo soy. Esta historia es más real y, sin embargo, como su título indica, llena de magia. Esta historia es más adulta y, sin embargo, nos sigue recordando que el mundo de los cuentos está más cerca de lo que parece. Esta historia es más cotidiana, pero se revela como mítica para la chica del parche.

Es increíble la satisfacción que sentí al tener estas hojas impresas. Ha sido un reto personal y una promesa cumplida y eso me da esperanza en muchos otros asuntos.

No sé si estos papeles algún día se convertirán en un libro, si está historia será leída por otros. La verdad tampoco es ahora lo que más me importa. Evidentemente, me gustaría que todo aquello que he imaginado e impreso con palabras lo pudierais leer y disfrutar. ¡Me haría muy feliz! Pero también he aprendido en este tiempo –y nunca mejor dicho- que todo tiene su espacio y su tiempo, como diría Chew Wang, y que las mejores cosas de mi vida nunca han llegado de la lucha y del esfuerzo banal y inútil, sino de la magia de la vida, del seguir creyendo, del permanecer imaginando, del estar abierto a posibilidades. Sí, ojalá, algún día lo podáis leer. De momento, dejaremos que vuele y emprenda su rumbo. Mientras tanto, me quedo con esta satisfacción de haberle puesto el punto final (…o aparte) a esta historia y, sobre todo, de haberme reencontrado con Carmesina, de haberme reencontrado conmigo misma.

Eso no significa que no quede camino por recorrer… En absoluto. Pero a veces es necesario, poner punto final (… o aparte) para poderse abrir a nuevas posibilidades, aventuras y vivencias.

La vida mágica de las historias cotidianas rescata a Carmesina después de su viaje al mundo de los cuentos en La inspiración dormida. Ha pasado un tiempo y en su intención de creer en su poder para pintar, está determinada a mostrar su arte y no ocultarse. Sin embargo, no parece fácil lograrlo y para ello recurrirá a un viejo librero que se convirtió en amigo en momentos de tristeza. Sin embargo, lo que no puede imaginar Carmesina es que está vez va a ser ella la que tenga que llevar de la mano a este librero en la búsqueda más increíble que uno pueda tener: la búsqueda de un recuerdo…

Y, a estas alturas, si habéis aguantado la lectura de este post, tal vez, os estéis preguntando si en esta historia estará también Gato Negro. Y yo os contestaría: “Ay, lectores, hay muchas cosas que no sabéis”. Solo os puedo avanzar, que si Carmesina siempre está conmigo, de alguna manera, Gato Negro también lo está con ella… Y hasta aquí puedo leer.

Gracias a todos los que me habéis leído en este 2016 aunque haya sido ciertamente inconstante en mis escritos. Os deseo lo mejor para este 2017. ¡Y qué descubráis la vida mágica de vuestras propias historias!

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Dejar huella

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¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!
de sus preguntas que vuelven,
del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios.
De mí mismo, que me reprocho siempre 
(pues, ¿quién es más necio que yo, ni más desleal?).
De los ojos que en vano ansían la luz, 
de los objetos despreciables, 
de la lucha siempre renovada,
de los malos resultados de todo,
de las multitudes afanosas y sórdidas que me rodean.
De los años vacíos e inútiles de los demás, 
yo entrelazado con los demás.

La pregunta, ¡oh, mi yo!,
la pregunta triste que vuelve 
– ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, 
oh, mi yo, oh, vida? –

Respuesta:
Que estás aquí,
que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama,
y que tú puedes contribuir con un verso.

Canto a mí mismo (Walt Whitman)

 

Cuando tengo un problema, mi padre siempre me dice que no me preocupe en demasía. ¡Eso no es nada comparado con la inmensidad del mar!, es su frase para quitarle hierro al asunto.

Y tiene razón, muchas veces los problemas son tonterías y nosotros somos ínfimos comparados con el universo que nos rodea. La vida se nos va en apenas un suspiro y, cuantas veces nos perdemos en vericuetos mentales que no nos dejan ser aquello que anhelamos.

Y, a pesar de ello, de nuestra finitud, de nuestro pasar rápido por el planeta, creo que es casi casi nuestra obligación dejar nuestra pequeña huella, aquella impronta que podrán recordar los demás de nosotros. No hace falta que sea nada grande ni portentoso, pero si algo que defina nuestro paso por aquí. Puede ser desde el cariño y el amor que hayas entregado a los tuyos hasta una idea revolucionaria. ¿Y para qué si somos finitos, si todo nace, todo llega a su fin?  Porque a lo mejor es una buena manera de pasar por la vida.  Haber estado presente. Al final, lo importante, es estar aquí plenamente. No pasar por la existencia de puntillas, sino a pasos firmes, sintiendo la tierra bajo nuestros pies y dejando que nuestros pensamientos vuelen ligeros de equipaje.

Este pasado verano me ha traído una mezcla de vida y muerte que han convivido en un extraño equilibrio. Por eso, tal vez, cuando pienso en si estoy haciendo algo para dejar huella, me entran las dudas y la incertidumbre.

Creo que todos podemos dejar esa impronta, que está en nuestra mano, seguramente después de trabajo, constancia, riesgo y, sí, tal vez, también un poquito de suerte.

Whitman nos apelaba en uno de sus versos de Canto a mí mismo que todo el mundo puede contribuir con un verso.

Atreverse, lanzarse, arriesgarse, soñar, luchar, pensar, persistir, continuar, permanecer para contribuir, para dejar algo de ti en los demás.

A veces yo soy la primera que como dice Whitman me reprocho a mí misma tantas y tantas cosas, pero entonces recuerdo mi finitud comparada con la inmensidad del mar y empiezo a ver las cosas más claras. Pienso en Carmesina que está en muchos hogares y habla diferentes idiomas, que mis colores han ayudado a algunas personas, que La inspiración dormida se ha convertido en Gato Negro para otras, que en algún lugar del mundo, tal vez, esta noche alguien esté leyendo alguna de las palabras que yo he escrito. Que una parte de mi está ahí y que el otro la puede sentir. Y entonces me emociono y sigo pensando que a pesar de nuestra finitud vale la pena seguir dejando nuestra huella, nuestra impronta, nuestro verso.

Atreverme, lanzarme, arriesgarme, soñarme, luchar, pensar, continuar, permanecer, escribir para contribuir, para dejar algo de mí en ti.

¿Y cuál es la huella que tú vas a dejar? ¿Cuál es el verso que vas a escribir?

Postales #2: Ser

Postal_thoreau

“Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, y dejar a un lado todo lo que no fuese vida, para no descubrir en el momento de mi muerte, que no había vivido.”

El otro día recordé estas palabras de Thoreau. Y es que a veces me sobran asfalto, penas, quebraderos de cabeza… Y me faltan ligereza, esperanza, sencillez… En defintivia, me falta lo más importante: Ser.

Yo también me iría a los bosques a buscar lo primordial, a sentir y ser plenamente, sin tanta confusión material y mental, sin tantos números que quitan el sueño, sin tanto peso del paso del tiempo, sin tanta exigencia propia y ajena, sin tanta ausencia y con más presencia, sin tanta tenencia y con más esencia… Porque seguramente de eso trata el ser.

Thoreau, ¿me haces un hueco en tu cabaña junto al lago Walden?

Apasionarse

blog_SilviaGGuirado_apasionarse

Hay una distancia de palabras y emociones entre una pasión y un entretenimiento. No hay que desmerecer a ninguna. Ambas cumplen una función, pero tal vez, la diferencia radica en donde se ubican, donde se sienten. Seguramente, la pasión esté removiéndose en tu interior y el entretenimiento se quede más en la superficie, en el exterior.

Hace unos días alguien me habló de mis palabras como hobbie. Sinceramente, nunca las hubiera definido así, pero no me lo tomé a mal, seguramente porque yo mejor que nadie sé lo que suponen para mí. Sin embargo, sí que me hicieron reflexionar sobre qué diferencia la una de la otra. ¿Son cosas distintas? ¿En qué momento pasa el entretenimiento a convertirse en algo más profundo?

Para mí escribir, crear historias, es una pasión. No es un mero entretenimiento, no se queda en la parte externa, en la epidermis. No es algo que haya incorporado a mí, sino que forma parte de lo que soy, de lo que fui y me gustaría y pretendo ser.

Tal vez quien me hizo ese comentario –más común de lo habitual aunque no se verbalice– no sabe lo que es apasionarse por algo y, bajo su ignorante inocencia, reduce lo que uno siente a algo insignificante. Pero una pasión es poderosa como para hacer oídos sordos. Una pasión no llega para tapar huecos, sino para crear nuevos con sus interrogantes y dudas. No viene a ocultar cosas bajo apariencias perfectas, sino que está aquí para sacarlas a relucir. Una pasión te hace indagar, hurgar, buscar y crecer. No es algo ajeno, es algo que está en ti.

Una pasión es sentir cierto dolor o desazón si no puedes llevarla a cabo. Una pasión no te da elección: o la coges y te dejas llevar o si te quedas inerte, te hace apagarte, decolorarte. Pasión es sentir en lo más profundo que tu camino está ahí, aún sin saber ni tener la seguridad de que se pueda desarrollar.

Apasionarse con algo es como enamorarse. Te arriesgas sin saber si vas ganar o perder, pero lo que sientes con ello te sirve para elevarte y seguir adelante.

Y aunque los tiempos digan lo contrario, aunque haya quien no te tome en serio o quien sonría por debajo de la nariz intentando reducir tu ilusión, tú sigues creyendo. Porque cuando te sientes así, a pesar de los aunque y los peros propios y ajenos, te aferras a ella desde las entrañas creando hilos, buscando tiempos, tejiendo palabras en silencio y cuidando lo mejor que sabes de esa relación.

Yo me apasiono con mis palabras, mis historias y personajes y, aunque o pero las sombras aparezcan, me siento afortunada de saberme viva, de saberme apasionada.

¿Y tú sientes esa pasión?

Afortunado eres si lo has descubierto y disfrutas de ella.

Búscalo en ti mismo si aún no la has hallado, merece la pena.

Y en ambos casos cuando la encuentres no escuches a quien intente minimizarla. Seguramente, ellos aún no la sienten.

Yo quiero ser la reina de mi propia existencia

fotoblog_SilviaGGuirado

No te conformes con ser princesa de nadie. Sé la reina de tu propia existencia

Hoy, domingo 8 de Marzo, no vengo con ningún relato ni ninguna reflexión meditada largamente. Hoy vengo por un impulso, una corazonada de que hoy era el día para traeros un pequeño regalo para todas aquellas mujeres u hombres que amen a sus mujeres desde la plenitud y la libertad. Porque como ya todos sabéis hoy es el día de la mujer.

En realidad, todo aquello que necesite de un día para darse a conocer, valorarse, reivindicarse supone que algo no está bien, que queda mucho camino que recorrer. Lo ideal sería que no tuviéramos que celebrar este día, por todo lo que ello implicaría: valoración y paridad de la mujer en todos los ámbitos de la vida (familiar, laboral, social, etc.) Pero como aún nos queda un largo trecho, que mejor que empoderarnos a nosotras mismas. Muchas veces nos olvidamos de quiénes somos en pro de una pareja, hijos, trabajos y así un largo etcétera. Pero, sin embargo, si no nos sentimos reinas de nuestra propia existencia es posible que por mucho que tengamos a todos los niveles, nos invada una cierta insatisfacción.

Hace unos años escribí El despertar. En él, se cuenta la historia de dos princesas que no quieren serlo y se rebelan contra el destino aparentemente maravilloso de cuento de hadas que les espera. En realidad, esas princesas lo que harán será descubrirse a sí mismas y valorarse en su unicidad.

“Igual que nosotras hemos despertado, también los demás lo harán… Tal vez tengamos que ayudarles a desaprender  lo que tan aprendido tienen. Esas creencias suyas sobre el amor, las relaciones, cómo tratarse y tratar a los demás. Entender que nadie es la mitad de nada. ¡Vaya tontería lo de la media naranja” (El despertar, 2012)

Hoy es un buen día para reivindicar el papel de la mujer en la sociedad, pero también para reivindicarnos cada una a nosotros mismas. Dejar de ser princesas de nadie, para ser las reinas de nuestra propia existencia. Llamarnos la atención de no perdernos por el camino y ser capaces de escribir la mejor historia para nuestra vida.

Os dejo con un pequeño detalle: un descargable en forma de lámina con la imagen que encabeza el post para que la tengáis siempre presente.

¡Feliz día hoy y siempre, bellas mujeres, bellas lectoras! ¡Feliz día hoy y siempre, compañeros de aventuras y lectores!

La palabra perdida

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Después de todos los mensajes recibidos, de todo el ánimo y cariño que me habéis entregado esta última semana, solo puedo daros las gracias de la mejor manera que sé: escribiendo. Aquí os dejo un breve relato que es para todos vosotros y, en especial, para mi amiga Bienve. Porque hay personas que llegan a nuestra vida de la forma más inesperada y se quedan ahí para siempre y porque hay palabras que no debemos dejar en el olvido y darlas por perdidas.

 

LA PALABRA PERDIDA

Para Bienve

Existió una vez un lugar donde había ciertas palabras que sus habitantes jamás pronunciaban. Ellos no se habían dado cuenta y apenas las echaban de menos. Así, el por favor estaba en vías de extinción, el buenos días se había sustituido por un gruñido y el gracias había sucumbido en las conversaciones, las preguntas y los favores.

Cuando algún niño encontraba esas palabras en algún cuento, no podía evitar preguntarles a sus padres por su significado, pero ellos no lograban recordarlo. Sin embargo, durante unos minutos esas palabras se quedaban ahí, colgadas en su pensamiento con un cierto poso de nostalgia intentando abrirse camino entre sus recuerdos. Pero, inmediatamente, se olvidaban de ellas. Había otras cosas prioritarias.

Una mañana cualquiera en ese lugar, una mujer gruñona y de vida apática corría, como era su costumbre, hacia el lugar de trabajo. Formaba parte de su ritual diario, levantarse justa de tiempo, para abrirse camino a grandes zancadas y así llegar a la hora indicada. Pero de tanto correr, arrasar y ver la vida pasar, esta la detuvo, haciéndola trastabillar aquella mañana cualquiera. Al perder el equilibrio, chocó con un hombre de larga barba blanca y ambos cayeron al suelo, mientras sus pertenencias se desperdigaban. La mujer gruñona y de vida apática parecía dolorida y, entre quejas y lamentos, intentó ponerse en pie sin conseguirlo. El hombre de larga barba blanca, a pesar de la edad, se levantó con facilidad y le ofreció la mano para ayudarla. La mujer con más gruñidos si cabe, se levantó y se colocó su falda y sus cabellos sin apenas mirar al hombre. Este, a pesar de ello, le sonrió y le recogió algunos de los bártulos caídos al suelo. Ella resopló molesta y el hombre acabó por marcharse cabizbajo. Acto seguido, la mujer siguió recogiendo el resto de cosas hasta encontrar algo que no era suyo: un libro. Rápidamente, pensó que sería del hombre de larga barba blanca, pero aunque miró a su alrededor, este ya no se encontraba cerca. La mujer, sin prestar atención al libro, lo guardó en su bolso.

Aquella mañana la mujer gruñona y de vida apática no llegó al trabajo. El dolor de la caída era intenso y el médico le sugirió que guardara reposo. De vuelta a casa, se estiró en su cama mirando el techo sin saber qué hacer. Pero, de repente, recordó el libro que había guardado en el bolso. Lo cogió y, aún con cierta desgana, lo empezó a leer… Durante los días de reposo fue su mejor compañero y aliado ante el devenir lento de las horas.

En ese transcurrir de días y lectura, ella empezó a sentir en el pecho algo a lo que no sabía darle nombre. Era algo enérgico, fuerte y que, al finalizar el libro, le hizo levantarse. En la contraportada del ejemplar aparecía el nombre de un lugar llamado biblioteca y la mujer, menos gruñona que de costumbre, sintió que necesitaba devolver aquel libro a quien pertenecía. En el camino hacia a aquel sitio, su sonrisa se fue dibujando para lograr borrar por completo su grosería y su tristeza.

Al llegar al lugar llamado biblioteca –desconocido casi por completo para los habitantes-, la mujer llamó a la puerta. Tras unos instantes, apareció el hombre de larga barba blanca. Y la mujer sin pudor y con la sonrisa puesta, habló:

-Quería decirle algo, pero no logro saber lo que siento… Así que simplemente le devuelvo el libro.

El hombre cogió el tomo y lo abrió buscando algo entre sus páginas impresas.

-Espere-le dijo a la mujer.

Al fin, había encontrado lo que buscaba y se lo mostró a la mujer. Su dedo señalaba una palabra concreta y  ella, arrastrando las letras, la pronunció: gggggrrrraaaaaaaaaaaaaaaaaaaacccciiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaaaassssssssssssssss.

La mujer, de alguna manera, tomó conciencia: ” ¡Esa era la palabra que tanto anhelaba! ¡Eso era lo que ella sentía y a lo que no sabía darle nombre!”

Emocionada, casi con lágrimas en los ojos, dijo:

-¡Gracias por el libro y por todo lo que me ha recordado!

El hombre sonrió y, nuevamente, habló:

– Ahora que esta palabra ha vuelto a ser pronunciada, ya puedo dejar mi misión. Durante años y años he sido el encargado de velar por ella y, por otras tantas palabras que se empezaron a perder por la falta de empatía entre las personas. Para protegerlas, yo las guardé en esta biblioteca, entre sus tomos y libros, hasta que alguien las rescatara. Y esa has sido tú. ¡Gracias!

Los días posteriores, aquella palabra se fue extendiendo y aquel sentimiento de gratitud volvió a la vida, porque en el fondo, todo el mundo tenía algo por lo que dar las gracias. Y cada vez que lo hacían, algo vibraba en ellos haciéndoles sentir mejor.

Poco a poco, como suelen suceder las cosas, esa y otras palabras perdidas fueron retornando para dar voz a aquellos sentimientos que prenden en el interior de las personas. Pero es ya es otra historia…

Silvia G. Guirado

Escribiendo un nuevo capítulo

nuevocapítulo

Abrir este blog es escribir un nuevo capítulo en mi vida. Durante mucho tiempo, he estado pensando en hacerlo, pero no me atrevía a dar el paso. ¿El porqué? Supongo que una mezcla de pudor, vergüenza, respeto… Pero si he escrito otros blogs y he dado voz a tantos personajes y a unos libros, esto suponía el paso natural. También debo decir que en los últimos meses, en que mi vida ha cambiado, echaba en falta la rutina de escribir en blogs, de pensar en temas para una entrada, en definitiva, de dar rienda suelta a la palabra y la imaginación.

Por estas dos razones, aquí estoy, ante vosotros, dispuesta a llenar páginas de este nuevo capítulo. No sé el desenlace de esta historia. Tampoco el nudo -y os puedo asegurar que me gustaría-, pero sí sé que escribir forma parte de mí misma y que cada vez que lo hago una especie de sosiego me acompaña.

Y aunque, tal vez, no sea la mejor época de todas, miraremos adelante, disfrutando de cada paso, porque algunos ya sabéis que “en cada crisis como en cada primavera pueden florecer nuevas ideas. Solo es cuestión de querer verlas“. Y esta es una de esas ideas. Por aquí, quiero mostrar algunos de mis escritos, pensamientos y sentires -hasta donde el pudor me lo permita. Por aquí, quiero recoger  algunas de mis lecturas. Por aquí, quiero expresar mi opinión sobre lo que acontece en el mundo. Y que surja todo lo que tenga que surgir porque la vida siempre nos lleva por caminos que nunca imaginamos…

Por tanto, brindemos por los momentos que nos vienen dados, porque en el fondo nos sobran los motivos… ¡Y este blog es un buen motivo para seguir adelante!

Mil gracias por estar ahí.