Carta de un hasta siempre, por el gato Play

Seguramente, esta será la última vez que le dé palabra a Play –a mi Playete-. Hubo un tiempo en que hasta tuvo un blog en el que yo escribía las anécdotas que vivía y experimentaba Play en su vida entre humanos. Fue un divertimento que me permitió acercarme y aprender aún más de los gatos y creo que en ello hubo la simiente del personaje de Gato Negro. Hoy me tomo la libertad, Playete, de darte voz y palabra una vez más, espero que no te moleste. Es mi homenaje para despedirme de ti de una manera sosegada, de la mejor manera que yo sé, la de escribirte.

Carta de un hasta siempre

“Hoy miércoles 13 sería mi cumpleaños. ¡Seguro que si hubiera sido un martes 13, la buena suerte me hubiera acompañado! Hubiera sido una gran celebración. Hay quién dice que cumpliría 17 años, pero creo recordar que en mi cartilla del veterinario, aquella que me dieron al nacer y adoptarme ponía que había nacido en el 2001. Poco importa, año más o año menos. En definitiva, hoy sería mi día y, aunque no lo será tal como esperabais, no quiero que estéis tristes y, por eso, os escribo esta carta. He visto en estos días muchos mensajes de ánimo y recuerdo y algunas lágrimas de mis más allegados. Tranquilos, no sufráis, estoy muy bien acompañado. Carmesina está conmigo. Me ha dicho que ahora más que nunca ya seré Gato Negro y que permaneceré inmortal en los libros y cuentos. A veces no la entiendo del todo, pues yo solo fui y seré un simple gato negro, pero ella me ha dicho “que hay muchas cosas que yo no sé” –una frase que no sé de qué me suena- y que para nada fui un simple gato negro. Dice que fui la simiente de muchas cosas.

El caso es que yo de simientes poco sé, vamos, que no tengo dotes de jardinería y de mí no ha crecido ningún árbol ni ninguna flor. Sin embargo, ella dice que de mí nació todo un mundo de colores, repleto de personajes fantásticos, pero muy humanos y con unas historias que han emocionado a muchísimas personas. ¡Uau, le oigo decir eso y se me ponen mis pelos negros de punta y ronroneo de gusto! ¿Será verdad?

Yo solo sé que nací en una camada sin mucho futuro, pero que me adoptaron una pareja de chicos, uno rubio y otro moreno, y que, a partir de ese momento, mi destino cambió. He vivido en un estudio de diseño y eso ha hecho que las haya visto pasar de muchas formas y colores. Ha habido épocas inocentes, otras felices, otras más complicadas y algún que otro día de tragedia también por septiembre –que lloré por dentro para no preocupar a nadie. He visto pasar a muchas personas y, por tanto, he repartido mucho amor, igual que el que me han dado. Eso sí, unos más que otros, porque no a todo el mundo le puedo caer igual de bien. Y sí, también los hubo, que me tenían alergia, que le vamos a hacer.

Los años han pasado rápido y lento, con la extraña sensación de entender a veces a los humanos y de reafirmarme cada vez más que me encantaba ser gato. Ciertamente, a veces os he envidiado ciertas cosas, como, por ejemplo, que pudierais esbozar sonrisas–a los gatos no se nos han concedido ese placer-, pero, en general, me he sentido cómodo en mi pellejo y pelo. Pero, sobre todo, me he sentido muy querido, quiero insistir en este punto. He tenido muchas y muchos enamorados, he camelado a más de una con mis ronroneos y mis paseos por los regazos, he hecho enfadar alguna vez bebiendo de vasos ajenos y pisando teclados de trabajo, pero también he provocado sonrisas con mis colocones con el pegamento de las tiras de los sobres, mis maullidos por la lata de los viernes o mis cabezazos de amor cuando alguien estaba triste. He sido un gato feliz y he cumplido con mi misión: dar cariño a quién se cruzara por mi camino. No pretendía nada más.

Pero Carmesina dice que he trascendido y que queréis que os diga, yo sigo sin entenderla. Pero ella dice que ya lo entenderé. Que he sido inspiración –esto ya me lo dijo varias veces una de mis mayores enamoradas- y que gracias a mí muchas personas han aprendido a ver de otra manera a los gatos negros. ¡Vaya honor me han concedido! Así que si me echáis de menos o, simplemente, me queréis recordar, viajad al mundo de los colores olvidados que habita en sus libros y allí estaré. De hecho, aquí ando, en este mundo de cuentos y no sé está tan mal, aunque no sé si aquí habrá latita los viernes. Tendré que averiguarlo… Supongo que igual que le cogí el punto a los humanos, ahora me toca hacerlo con los personajes de cuento.

Y ahora me he despedir con un hasta siempre, que los adioses son demasiado contundentes. Carmesina me llama. Dice que como Gato Negro tengo aún muchas aventuras por vivir y eso que yo ya he quemado mis siete vidas. Vamos a ver qué es lo que nos espera. Simplemente, quería daros las gracias a los más cercanos por cuidarme y quererme tanto. Con alguno de vosotros nos volveremos a ver en vidas futuras, tenedlo claro. Y a todos los que me habéis conocido en la distancia, gracias por hacerme vuestro. Vuestro siempre, Playete, ahora por siempre, Gato Negro”.

 

Ilustración David G. Forés

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La vida mágica de las historias cotidianas

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Ya estamos a punto de acabar el año y nada mejor que finalizarlo poniendo el punto final (…o aparte) a una nueva historia de Carmesina.

Después de mucho tiempo –de años− detrás de Carmesina para que me contara su nueva historia, por fin, puedo decir que he conseguido aquello que  me parecía imposible: darle de nuevo vida.

Han pasado muchas cosas desde que escribí La inspiración dormida hace cinco años. De algunas no fue fácil recuperarse, pero con paciencia y búsqueda, una va saliendo de todo. A veces me hubiera gustado que todo hubiera pasado más rápido, sin embargo, las cosas suceden cuando han de suceder y, tal vez, si el punto final (…o aparte) no había llegado a esta historia es porque no tenía que ser.

He luchado muchos días por darle voz a Carmesina, me he peleado con ella y he llorado porque me parecía perdida y lejana. ¡Qué tonta fui! Eso no puede ocurrir, más que nada porque Carmesina no estaba ni perdida ni lejana, estaba en mí. Siempre lo ha estado. La que estaba perdida y lejana era yo y, por ende, también lo estaba ella. Tal vez, penséis exagerado que hable de ella de esta manera, pero supongo que quienes habéis dado vida a algo  podréis entenderme.

Después de tener abandonados estos papeles, debatiéndome en qué hacer con ellos, si abandonarlos o creer en ellos, decidí apostar por lo segundo. Y cuando digo apostar es, simplemente, darle ese punto final (…o aparte).

Hace unas semanas desempolvé el proyecto y lo volví a leer y yo tan crítica conmigo misma, me dije: esto no está tan mal… Puede que no sea la misma Carmesina de La inspiración dormida, pero es lógico, yo tampoco lo soy. Esta historia es más real y, sin embargo, como su título indica, llena de magia. Esta historia es más adulta y, sin embargo, nos sigue recordando que el mundo de los cuentos está más cerca de lo que parece. Esta historia es más cotidiana, pero se revela como mítica para la chica del parche.

Es increíble la satisfacción que sentí al tener estas hojas impresas. Ha sido un reto personal y una promesa cumplida y eso me da esperanza en muchos otros asuntos.

No sé si estos papeles algún día se convertirán en un libro, si está historia será leída por otros. La verdad tampoco es ahora lo que más me importa. Evidentemente, me gustaría que todo aquello que he imaginado e impreso con palabras lo pudierais leer y disfrutar. ¡Me haría muy feliz! Pero también he aprendido en este tiempo –y nunca mejor dicho- que todo tiene su espacio y su tiempo, como diría Chew Wang, y que las mejores cosas de mi vida nunca han llegado de la lucha y del esfuerzo banal y inútil, sino de la magia de la vida, del seguir creyendo, del permanecer imaginando, del estar abierto a posibilidades. Sí, ojalá, algún día lo podáis leer. De momento, dejaremos que vuele y emprenda su rumbo. Mientras tanto, me quedo con esta satisfacción de haberle puesto el punto final (…o aparte) a esta historia y, sobre todo, de haberme reencontrado con Carmesina, de haberme reencontrado conmigo misma.

Eso no significa que no quede camino por recorrer… En absoluto. Pero a veces es necesario, poner punto final (… o aparte) para poderse abrir a nuevas posibilidades, aventuras y vivencias.

La vida mágica de las historias cotidianas rescata a Carmesina después de su viaje al mundo de los cuentos en La inspiración dormida. Ha pasado un tiempo y en su intención de creer en su poder para pintar, está determinada a mostrar su arte y no ocultarse. Sin embargo, no parece fácil lograrlo y para ello recurrirá a un viejo librero que se convirtió en amigo en momentos de tristeza. Sin embargo, lo que no puede imaginar Carmesina es que está vez va a ser ella la que tenga que llevar de la mano a este librero en la búsqueda más increíble que uno pueda tener: la búsqueda de un recuerdo…

Y, a estas alturas, si habéis aguantado la lectura de este post, tal vez, os estéis preguntando si en esta historia estará también Gato Negro. Y yo os contestaría: “Ay, lectores, hay muchas cosas que no sabéis”. Solo os puedo avanzar, que si Carmesina siempre está conmigo, de alguna manera, Gato Negro también lo está con ella… Y hasta aquí puedo leer.

Gracias a todos los que me habéis leído en este 2016 aunque haya sido ciertamente inconstante en mis escritos. Os deseo lo mejor para este 2017. ¡Y qué descubráis la vida mágica de vuestras propias historias!

Érase una vez Carmesina en el Amazonas…

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El título de este post puede sonar a principio de un nuevo relato de la muchacha del parche. Siento decepcionaros, pero no es el caso… Aunque todo llegará, porque Carmesina ha decidido darme el último empujón con una nueva historia suya, pero de eso os hablaré otro día.

Volvamos al título del post. Érase una vez Carmesina en el Amazonas… Puede parecer obvio que cuando uno escribe o crea algo esto puede llegar a cualquier rincón del mundo y, más hoy en día, que todos estamos intercomunicados. Sin embargo, no deja de ser curioso cuando de repente te enteras que hay un artista del Amazonas, -sí, sí, del Amazonas- que es un gran apasionado de este personaje. Y que además tiene un familiar, una niña de 7 años superfan del personaje y a la que llaman cariñosamente “la Carmesina del Amazonas”. Pero mucho más curioso es cuando te explican que este artista está en Barcelona y quiere conocer a quién está detrás de la muchacha del parche.

Sí, además del título del post, toda esta historia puede parecer fruto de la imaginación irracional de una escritora, pero nada más lejos de la verdad. Ya se sabe, la realidad supera a la ficción. Y este es uno de esos casos.

Freyzer Andrade es el nombre de este artista, un joven polifacético y apasionado de la pintura, pero que también escribe y esculpe. ¡Vamos un hombre renacentista total! Tuve la suerte de conocerle junto a David G. Forés y Desiree Arancibia, en su periplo por Europa en busca de galerías donde exponer su arte.

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Acompañado de su marchante de arte, y entre su brasileño, nuestro inglés y el castellano de su acompañante pudimos hacernos una idea de cómo es el lugar donde nació, Boca de Valeria, y cómo es su vida allí.

 

 

Cómo, a falta de recursos para tener pinturas acrílicas o acuarelas, pinta tomando pigmentos de la propia naturaleza. También nos habló de la “Carmesina del Amazonas”, Lanae, su sobrina, a la que pintó una camiseta de la muchacha del parche y  de cómo, desgraciadamente, estamos destruyendo ese paraíso natural que es un pulmón para la tierra.

 

Después tuvimos la oportunidad de verlo trabajar en una ilustración de Carmesina, inspirado, tal vez, por nuestro muso particular, Gato Negro –al que yo también me alegré muchísimo de ver−. Y después de un intercambio de fotos, nos despedimos deseándonos mutuamente la mejor de las suertes.

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Esto solo podría parecer una anécdota más, pero es que a veces la vida está hecha de estas anécdotas y momentos. Sigo sorprendiéndome –y que así continúe siendo- de que mi querida Carmesina vuele sola tan lejos y sea capaz de enamorar a otras personas, incluso de otras culturas y que están a miles de kilométros. Supongo que esto es la magia de la vida. Y con esa magia me quedo. ¡Obrigado, Freyzer!

Dejar huella

huellas

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!
de sus preguntas que vuelven,
del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios.
De mí mismo, que me reprocho siempre 
(pues, ¿quién es más necio que yo, ni más desleal?).
De los ojos que en vano ansían la luz, 
de los objetos despreciables, 
de la lucha siempre renovada,
de los malos resultados de todo,
de las multitudes afanosas y sórdidas que me rodean.
De los años vacíos e inútiles de los demás, 
yo entrelazado con los demás.

La pregunta, ¡oh, mi yo!,
la pregunta triste que vuelve 
– ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, 
oh, mi yo, oh, vida? –

Respuesta:
Que estás aquí,
que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama,
y que tú puedes contribuir con un verso.

Canto a mí mismo (Walt Whitman)

 

Cuando tengo un problema, mi padre siempre me dice que no me preocupe en demasía. ¡Eso no es nada comparado con la inmensidad del mar!, es su frase para quitarle hierro al asunto.

Y tiene razón, muchas veces los problemas son tonterías y nosotros somos ínfimos comparados con el universo que nos rodea. La vida se nos va en apenas un suspiro y, cuantas veces nos perdemos en vericuetos mentales que no nos dejan ser aquello que anhelamos.

Y, a pesar de ello, de nuestra finitud, de nuestro pasar rápido por el planeta, creo que es casi casi nuestra obligación dejar nuestra pequeña huella, aquella impronta que podrán recordar los demás de nosotros. No hace falta que sea nada grande ni portentoso, pero si algo que defina nuestro paso por aquí. Puede ser desde el cariño y el amor que hayas entregado a los tuyos hasta una idea revolucionaria. ¿Y para qué si somos finitos, si todo nace, todo llega a su fin?  Porque a lo mejor es una buena manera de pasar por la vida.  Haber estado presente. Al final, lo importante, es estar aquí plenamente. No pasar por la existencia de puntillas, sino a pasos firmes, sintiendo la tierra bajo nuestros pies y dejando que nuestros pensamientos vuelen ligeros de equipaje.

Este pasado verano me ha traído una mezcla de vida y muerte que han convivido en un extraño equilibrio. Por eso, tal vez, cuando pienso en si estoy haciendo algo para dejar huella, me entran las dudas y la incertidumbre.

Creo que todos podemos dejar esa impronta, que está en nuestra mano, seguramente después de trabajo, constancia, riesgo y, sí, tal vez, también un poquito de suerte.

Whitman nos apelaba en uno de sus versos de Canto a mí mismo que todo el mundo puede contribuir con un verso.

Atreverse, lanzarse, arriesgarse, soñar, luchar, pensar, persistir, continuar, permanecer para contribuir, para dejar algo de ti en los demás.

A veces yo soy la primera que como dice Whitman me reprocho a mí misma tantas y tantas cosas, pero entonces recuerdo mi finitud comparada con la inmensidad del mar y empiezo a ver las cosas más claras. Pienso en Carmesina que está en muchos hogares y habla diferentes idiomas, que mis colores han ayudado a algunas personas, que La inspiración dormida se ha convertido en Gato Negro para otras, que en algún lugar del mundo, tal vez, esta noche alguien esté leyendo alguna de las palabras que yo he escrito. Que una parte de mi está ahí y que el otro la puede sentir. Y entonces me emociono y sigo pensando que a pesar de nuestra finitud vale la pena seguir dejando nuestra huella, nuestra impronta, nuestro verso.

Atreverme, lanzarme, arriesgarme, soñarme, luchar, pensar, continuar, permanecer, escribir para contribuir, para dejar algo de mí en ti.

¿Y cuál es la huella que tú vas a dejar? ¿Cuál es el verso que vas a escribir?

Inspiración, inspirar, inhalar vida

 

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Inspiración

Del lat. inspiratio, -ōnis.

  1. f. Acción y efecto de inspirar o inspirarse.

Inspirar

Del lat. inspirāre ‘soplar’.

  1. tr.Aspirar el aire exterior hacia los pulmones. U. t. c. intr.
  2. tr.Infundir o hacer nacer en el ánimo o la mente afectos, ideas, designios, etc.

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A Bienve

Decía Fiamma a Carmesina que las musas no pueden atraparse, que la inspiración viene cuando menos la esperas.

Inspiración, inspirar, aspirar aire, inhalar vida…

Lo que no le dijo Fiamma  a Carmesina es que a veces ocurre, en pocas ocasiones, pero sucede, que en determinados momentos de la vida, las musas vienen a visitarte y si eres afortunado, una de ellas puede depositarse en la palma de tu mano. Ellas son caprichosas, volátiles, etéreas como el aire… Sin embargo,  en ese momento, solo debes dejar que te mire, que te observe en lo más profundo de tu ser y, sin tú decirle nada, ella prenderá tus deseos más profundos para llevárselos allí donde la magia los puede transformar en realidad.

Si eres uno de esos afortunados, recuerda, las musas no pueden atraparse, pero si ellas vienen a ti, simplemente inhala aire, infunde vida y déjate inspirar…

Y si aún no han llegado a depositarse en la palma de tu mano, sigue imaginándolas, sigue creyendo; es posible que en este mismo instante estén planeando visitarte. Permíteles encontrar el camino a ti.

10 curiosidades sobre La inspiración dormida

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Hace unos meses escribí esta entrada. Como no fue publicada tal cual, pensé que estaría bien recuperarla para el blog. Si eres de los que ha leído La inspiración dormida, puede que te resulte curioso saber algunas intimidades y anécdotas de cómo se gestó la historia. Si aún no lo has leído -y ya estás tardando-, estas 10 cosas pueden despertar tu curiosidad. Advertido quedas y ahora solo a disfrutar.

1) El origen de esta historia fue escrito hace mucho tiempo… No era la misma historia ni la misma protagonista, pero la esencia estaba en aquella historia juvenil que escribí con 15 años  y que era un homenaje a Michael Ende. Aún guardo, como oro en paño, aquella historia escrita a mano. Tal vez, algún día la recupere.

2) El título del libro fue complicado, muy complicado. Le dimos muchas vueltas y más vueltas y, al final, aposté por La inspiración dormida y gustó. Lo más curioso fue que al releer notas que había escrito a lo largo del proceso de la novela, ese título ya había surgido como idea. De alguna manera, siempre me había acompañado en todo el proceso creativo. ¡Me fascinan estas casualidades!

3) El libro tiene 13 capítulos, porque 13 es el número de la supuesta “mala suerte” y era una manera de homenajear a Gato Negro, protagonista y compañero infatigable de Carmesina. Y también un homenaje a mi muso particular, Playete.

4) El título de cada capítulo es un color y no están escogidos al azar. Estuve investigando sobre el significado de cada uno. Así que cuando lo leas, tenlo en cuenta. Por ejemplo, el violeta es un color que hace referencia a la transformación y el añil, se asocia a la generosidad y la intuición. El resto te dejo que los descubras por ti mismo.

5) Algunos de los paisajes por los que pasea Carmesina en su viaje en busca de la inspiración son lugares que he tenido la oportunidad de visitar y que han dejado una huella indeleble en mí. Cada uno por sus razones o motivos que se resumirían en: París y que tu padre te descubra la Torre Eiffel igual que Marcelo a Carmesina. Florencia por vivir en carne propia el síndrome de Stendhal e irme de ella con lágrimas en los ojos. India, por hacerme crecer…

6) Hay un capítulo que homenajea al mundo del cine y es que siempre ha sido una de mis grandes pasiones. Fue un capítulo realmente muy divertido, donde pude mezclar a los personajes de la historia con actores como Charles Chaplin y recrear alguna escena de la mítica  Una noche en la opera de los Hermanos Marx, una de las películas que veía de pequeñita. ¡Mec, mec y dos huevos duros!

7) Uno de los personajes inventados para esta historia es Marcelo, un poeta. A mí me gusta la poesía y aunque he hecho mis pinitos, no soy experta. Pero tuve la gran fortuna de que alguien muy especial me brindará dos poesías que aparecen en el libro. Una de ellas existió antes que el libro y con sus versos cambió toda mi historia personal. ¡Gracias, Diego!

8) Y la poesía también es protagonista en el capítulo Verde, que empieza con unos versos de Walt Whitman y su Canto a sí mismo. Si no habéis leído nada de él, os animo a hacerlo. Es increíble la energía que desprende.

9) El capítulo Añil contiene un cuento dentro de sí mismo. En él hablo del Holi, una fiesta india. Por favor, no os toméis en serio el origen de la fiesta que os explico en el cuento. Es totalmente inventado y en relación al relato 😉 ¡Curiosamente, años después yo también disfrutaría de esta fiesta! Sorpresas que tiene la vida.

10) Confesaré que la escritura de este libro fue muy intensa y con él viví diferentes emociones: lloré con el capítulo Violeta, me reí muchísimo con el capítulo Amarillo y me peleé en todos los sentidos con el capítulo Negro y el capítulo Blanco. Y cuando ya tuve el libro en mis manos, volví a llorar al recordar todo el viaje vivido junto a Carmesina y Gato Negro. En el fondo cada libro te hace crecer, sentir y experimentar. Y que así sea siempre.

Carmesina, del papel a muñeca de trapo

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Suelen decir que las cosas más especiales en la vida ocurren de forma inesperada. Cuentan que las situaciones que más nos emocionan son aquellas que llegan cuando menos te lo esperas. Así llegó Carmesina a mi vida. Así ha llegado esta muñeca de ella a mi casa…

En alguna otra ocasión ya he explicado el origen de Carmesina, pero hoy quería compartirlo con vosotros. Porque de aquel día a hoy, en que he recibido esta preciosa muñeca, han pasado muchos colores por mi vida…

Carmesina nació una tarde cualquiera de un domingo de finales de invierno, principios de primavera. Recordaré siempre que hacía tiempo que no escribía, que parecía que la inspiración me hubiera abandonado y que mi pozo de experiencias se hubiera agotado en cuanto a la tinta en el papel blanco. Pero aquella tarde cogí el ordenador, me aislé en mi mundo y casi del tirón nació el cuento de Los colores olvidados, Carmesina y Gato Negro. Fue un momento mágico, así lo siento, porque no hubo dudas ni vacilaciones. Es como si de alguna manera esa historia hubiera estado latente en mí y solo hubiera necesitado que yo me pusiera en el teclado.

Mientras escribía esa historia, Carmesina aún no tenía nombre, era una X en medio de las palabras. Pero al final, cuando pensé en la canica y en su color, no lo dude un instante: si la canica era carmesí, Carmesina debía ser su nombre.

Dejé la historia reposar y a punto estuve de presentarla a un concurso de relatos para Sant Jordi (Día del libro). Pero no fue así, porque tal vez el destino de Carmesina debía ser otro. Unos pocos meses después, surgió la opción de escribir cuentos en Play Creatividad y ahí incorporé este relato de un domingo por la tarde cualquiera de finales de invierno, principios de primavera. Y, por supuesto, ahí llegó David G. Forés y le dio rostro y cuerpo a la Carmesina de espíritu, sentimientos y palabras.

El resto de la historia es conocida… O tal vez, no toda. El caso es que ya hace 6 años que esta niña se me presentó junto a Gato Negro y ya se quedaron para siempre conmigo.

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Ahora 6 años después vuelve en forma de muñeca para recordarme que ella está aquí, que siempre lo estuvo y lo estará… También como algo inesperado y cuasi mágico, esta Carmesina ha llegado desde Perú -¡si que ha viajado lejos mi niña!- por obra y gracia de la artista Julia Amelia. Y de ella os quiero hablar ahora. Julia Amelia es una mujer creativa, una artista con todas las letras que decidió hacer aquello que siempre le había gustado y rendir tributo a las muñecas de su infancia, aquellas que le hacía su madre con cuatro telas y poco más. Y de ahí surgió La Maison de Julia Amelia, su proyecto emprendedor de muñecas personalizadas. Un ejemplo de coraje, de que nunca es tarde para soñar y llevar los sueños a la acción. Carmesina se sentiría muy identificada con Julia Amelia y, por ello, parece lógico que si alguien tenía que hacer una muñeca de ella, fuera Julia Amelia. Si queréis curiosear –como buen Gato Negro- el trabajo que realiza, podéis seguir su página de facebook.

Desde aquí, una vez más Julia Amelia, gracias por esta muñeca preciosa, gracias por ser ejemplo e inspirar, gracias por traerme de nuevo a “mi niña” a la que a veces he creído perdida.

Y ahora Carmesina luce en cuerpo –de trapo- y en espíritu en la misma habitación que la vio nacer aquella tarde cualquiera de un domingo de finales de invierno, principios de primavera. Y así cerramos el círculo… O lo dejamos un poco abierto para que vuelva siempre que lo desee.