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Lester

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Me llamo Léster y soy un gato negro. Pero no quiero que me conozcan por eso, porque gatos negros hay muchos y algunos ya muy famosos. También podría ser conocido como Lester, el gato de la biblioteca, pero ahora mismo tampoco lo soy. Más bien sería Lester, el gato desterrado de la biblioteca, pero no me gusta ese apodo. Por tanto, mejor llámenme Lester a secas. De esta manera, me conocen los colegas de la calle. Sí, porque eso también lo soy, un gato callejero.

De edad incierta, debo rondar los 5 o 6 años –pero ¿a quién le importa la edad? A los felinos nada de nada-, nací bajo una arboleda junto a la biblioteca de este barrio de Barcelona, cuyo nombre no diré, en una camada de siete mininos negros. La mayoría desaparecieron a los pocos meses. ¡Vaya usted a saber! Prefiero pensar que cayeron en buenas manos y no otras historias más cruentas. De esos siete, solo uno permaneció por la zona, pero no nos llevamos muy bien. Creo que piensa que soy un privilegiado por vivir en el recinto de la biblioteca. Y en cierto modo tiene razón. He tenido alimento garantizado, cestito con manta en invierno y un montón de carantoñas de los bibliotecarios. Sí, en ese sentido he sido un privilegiado, mientras él malvivía en la calle, yo he tenido una especie de hogar. Él ha sido una especie de Fantine de los Miserables y yo, Cossete… Y estaréis pensando, ¿un gato hablando de Víctor Hugo? ¡Por supuesto! Soy un gato de biblioteca y cuando la noche cae, me cuelo en el edificio y me dedico a conocer otras vidas, otras aventuras, otros mundos más allá de los territorios limitados por mi propio miedo. Pero esto no se lo digan a nadie, que como se enteren las chicas y chicos de la biblioteca que entro a hurtadillas se me cae el pelo. ¡Y me quedaría como los gatos egipcios! ¿Puede haber cosa que dé más grima? Sí, ya sé que es uno de mi especie y no quiero ser racista, pero vaya, que da grima y una cosa no quita la otra.

En fin, yo disfrutaba de esas noches mágicas entre libros hasta que la biblioteca cerró. ¡Qué no cunda el pánico! No para siempre –aunque al paso que va la cultura en este país, todo podría suceder–. Sí, señores y señoras, no se sorprendan, leo periódicos y estoy informado. Además los felinos tenemos un oído muy fino y escucho las quejas de los humanos que me rodean.

Siguiendo con lo que les estaba contando, ahora la biblioteca está patas arriba porque la están reformando. Solo quedan las paredes: no hay libros, ni historias, ni mis queridas bibliotecarias, ni los niños que me miran entre curiosos y asustados, ni visitantes entre estanterías… Es como si la Nada hubiera arrasado con Fantasía. Y andaba yo desubicado y desdichado por esta razón, cuando ella apareció y me empezó a hablar. Y no solo eso, sino que además me trajo comida, detalle importante para mantener mi cuerpo serrano. Y desde entonces cada noche viene y me hace compañía. Yo creo que no está muy cuerda, dice que le recuerdo a un gato negro que conocía y yo le digo que espléndido, pero que yo soy Lester. ¡Lester a secas, recuérdenlo! Y como tal, me he presentado ante ustedes.

Si han ronroneado con mi presentación o han sentido curiosidad por mi historia, estén atentos, pues Lester tiene mucho que contar tanto de la vida en la calle como de la biblioteca, ese lugar mágico donde al apagar las luces y cerrar las puertas, los libros toman vida. ¡Yo he sido testigo!

Miau.

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9 pensamientos en “Lester

  1. wow! me gusta la idea del diario de Lester, el minino de biblioteca…
    ¿Sabías que en un cine de Sitges tienen un gato que sólo entra en la sala de proyecciones cuando la película que proyectan es buena? 😛
    ¡Ronroneos!

    • ¿En serio hay un gato en un cine de Sitges? ¡Yo quiero conocerlo! ¡Cine y mininos, qué gran combinación! Espero que el diario de Lester esté a la altura de un gran amante de los felinos como tú. Gracias, Víktor.

    • ¡Umm, no qué va, Fani! ¿Yo echar de menos a Gato Negro? Los primeros amores no se olvidan y tampoco los felinos, te lo puedo asegurar. Pero, Lester ha llegado a mi vida y también merece que le haga un hueco en mi corazón. Le daré esas cosquillitas. Seguro que estará encantado. ¡Es tan mimoso como el auténtico Gato Negro! Besitos grandes

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