Inicio » relatos » Entre las sabanas

Entre las sabanas

1

Hace ya algunos minutos que el despertador ha sonado y, como suele ocurrir en los últimos meses, ella lo apaga con desgana y se gira sobre sí misma para seguir dormitando. En estos meses, levantarse le está resultando difícil; seguramente, una de las tareas más complejas del día a día. Eso, y sonreírle a la vida.

Liada entre las sábanas, notando la calidez del lecho en este gélido invierno, se queda hecha un ovillo, pensando en lo que fue y ya no es. Le entra nostalgia y luego, espontáneamente, llegan las lágrimas que empañan la almohada. No quiere pensar, no quiere sentir. Así que se vuelve a girar y busca otra posición en la cama. Como si eso le permitiera olvidar. Sabe que debería levantarse, tomarle de nuevo el pulso a la vida y tratar de que esta siguiera igual. Pero qué complicado resulta hacerlo cuando el mundo se mueve bajo tus pies y no sabes a qué aferrarte.

El despertador suena de nuevo y vuelve a apagarlo, esta vez con un manotazo. No puede levantarse, no quiere levantarse, porque ya nadie la espera ni la necesita. Algunos meses atrás, en cuanto sonaba ese maldito ruido, se ponía en pie y si hacía falta, porque el sueño podía con ella, nunca faltaba un buen café para despertarla. No le importaba madrugar –los lunes sí, para qué vamos a engañarnos- porque sabía que le esperaba una jornada repleta de acontecimientos y vivencias.

Entre esos pensamientos, unos pasos ligeros y delicados sobre el suelo blanco logran distraerla. Parece ser que alguien más ha oído el despertador y viene a recordarle que hay vida más allá de las sábanas. De un salto, sube a la cama y empieza a pasearse entre sus piernas. Ella saca la mano del lecho y, con los ojos cerrados, lo busca, lo palpa. Ahí está, junto a ella, con su pelo suave. Lo acaricia y ronronea. Y, por un momento, sonríe. A cambio, él, con su áspera lengua, la besa. Es su forma de llamar la atención. Ella sabe que quiere que se levante y le ponga su comida. Pero hasta eso le resulta complicado. Definitivamente, aunque no quiera reconocerlo, aunque quiera seguir avanzando y superarlo, echa en falta su cotidianidad y lo que antes tenía. Y ante esa ausencia solo parece encontrar un relativo consuelo en el cariño que le brinda su gato.

El gato, cansado de pedirle comida y hacer caso omiso a su reclamo, decide echarse junto a ella y hacerle compañía entre las sabanas… La inapetencia de ella y el hambre de él, juntas, hacen buenas migas en esta fría mañana. Y poco a poco, ambos caen en las redes del sueño… ¡Qué bien se está cuando uno es capaz de evadirse de la realidad!

De repente, otra vez, un ruido los desvela. Esta vez no es el despertador; es el móvil. Ligeramente, ella se incorpora sobre la cama, con la ilusión de que sea una llamada que hace tiempo espera. Con expectación, lo coge y mira la pantalla. Es el número de su madre el que aparece. Lo siento, mamá, se dice a sí misma y lanza el móvil sobre los almohadones y la ropa que restan desordenadas en el suelo. No quiere que su madre perciba su desánimo. Sabe que está preocupada. Sabe que querría que las cosas fueran de otra manera. Nadie se esperaba aquel final tras una relación de tanto tiempo. Tanto era lo dado, tanto lo ofrecido, que nadie hubiera imaginado que llegara ese fin.

En aquellos meses desde la despedida, ella había pasado de la tristeza primera a la consternación segunda, de la rabia al rechazo, del enfado a la resignación y lo único que deseaba en aquellos instantes era aprender a aceptar y seguir adelante. Quería escapar de aquel momento que parecía detenido en el ciclo de su vida y volver a sonreír. Se había cansado de escuchar aquella frase que rezaba que cuando una puerta se cierra otra se abre, porque lo que nadie le había explicado es lo que se llega a sentir en el tiempo que transcurre entre una cosa y la otra. Y ese tiempo se estaba alargando más de lo imaginado.

De repente, el móvil vuelve a sonar. Intuye que debe de ser su madre, que vuelve a insistir en saber de ella. De nada sirve ocultar la verdad. Le contará cómo se siente, hablará con ella, se desahogará y, seguramente, su madre, con la sabiduría de los años, la ayudará a sentirse más protegida y acompañada, aunque esa sensación solo durará un rato. Con gesto desganado, se sacude las sábanas al mismo tiempo que el gato se levanta y se estira. Con paso rápido, ella se acerca al suelo y rebusca entre la ropa y las almohadas el móvil. Este sigue sonando, mientras la llamada va expirando. Y así sucede… El móvil deja de sonar en el momento en que ella lo encuentra entre aquel caos.

Entre suspiros, mira las llamadas perdidas. Aparece la de su madre de unos minutos antes y también otra, desconocida. Su corazón se agita. Mira la cama y, por un momento, está tentada de volver a ella para dejarse llevar por la desidia, perderse entre sus pensamientos y sus pocas ganas. Pero con el móvil en la mano, se acerca a la ventana y sube la persiana. A pesar de ser un día de invierno, el sol brilla tras los cristales. Respira hondo y teclea el botón de rellamada. Se oye el primer tono. Ella piensa que tal vez sea la nueva oportunidad que tanto anhela. Segundo tono. Tal vez, imagina, sea el cambio que necesita. Tal vez, por fin, surja la oportunidad de volver a empezar… Tercer tono.

Hoy se cumplen seis meses de la despedida… De ser despedida de su trabajo, después de años y dedicación. Hoy se cumplen seis meses desde que dejó de formar parte de un equipo para ser un número más en una de las listas más largas del país que habita.

Cuarto tono. Ojalá sea el trabajo que tanto anhela.

Y mirando los rayos de sol que se cuelan entre los edificios, siente un poco de sosiego en mucho tiempo. Cada día ese astro sigue saliendo, cada día puede empezar de nuevo, cada día existe una oportunidad. Y puede que vuelva a caer, pero se levantará y se desperezará para salir de entre las sábanas. Como ahora que está ahí, en pie, mirando hacia fuera desde dentro, sintiendo que puede de nuevo encarar los retos.

Quinto tono. Y, al fin, al otro lado de la línea, alguien descuelga y se escucha una voz desconocida.

Silvia G. Guirado

Marzo 2014

 

Para todos aquellos que forman parte de esa lista de casi 5 millones. Porque detrás de cada número hay una persona con un nombre y apellidos, con una familia, con unas circunstancias, unos sueños y unos anhelos…  Para que en esta espera, no nos perdamos ni nosotros ni nuestros sueños. Para que, aunque cada mañana sea díficil salir de entre las sábanas, sigamos adelante, porque la vida prosigue y nosotros, con ella.

Anuncios

20 pensamientos en “Entre las sabanas

  1. En un par de meses yo también entraré a formar parte de esa interminable lista. Intento tomármelo con filosofía, creo que al final me irá bien igual que siempre he sabido que a ti te iría bien 🙂

    Ánimo y no dejes de intentarlo!!

    Besos!

    • Mucho ánimo y mucha suerte, Fani. Para lo que necesites, ya sabes donde estoy. Y te aseguro que aunque un día caiga, al día siguiente estoy en pie, luchándolo, volviéndolo a intentar.
      Besazo y gracias, guapa.

  2. Vaya compañera, has removido algo dentro de mí que no sé si es agradable: esa parte de vagar de un lado para otro sintiendo que la vida se escapa. Ya pasaron esos meses, aunque nadie asegura que no vuelvan; de hecho, muchas veces amenazan con venir, hay semanas que quieren ser grises y lo peor de todo es que intentan lo mismo con las personas. Ánimo, es lo que me sale decir. Eso, y que dentro de uno está la llave que abre las cerraduras, y según digo esto sé que no queremos que sea así del todo cierto, porque necesitamos que alguien nos llame, que alguien nos ate a una rutina diaria, que alguien más que nosotros nos valore y nos lo premie económicamente -¡qué leches!-. Así que publicado esto y leído, a buscar eso, ese “lo mejor está por llegar” que no hace más que hacernos seguir adelante sin darnos muchas veces ni cuenta de que lo mejor ya lo tenemos. Hay que seguir adelante, hay que vivir, cada día, entre las sábanas y fuera de ellas. ¡Besos y abrazos compañera!

    • Lo siento, compañero. No pretendía abrir puertas que ya están cerradas… Por supuesto que hay que seguir adelante. Habrá días más complicados, días más felices, pero eso es la vida y, del mismo modo, que hay que saber reconocer los momentos difíciles, también los bonitos. Te puedo asegurar que a ellos me aferro y que al irme cada día a dormir, entre las sábanas, practico un enorme gracias. ¡Besos, compañero! 🙂

  3. Hola Silvia guapisima . Mucho animo y esperanza haver si las cosa se ponen mejor porque la vida es dificil y aunque cueste tenemos que seguir adelante con optimismo , despues de una pendinente viene una subida y asi es como lo tenemos que ver pero cuesta bastante bonito comentario salido con palabras del corazón te deseo lo mejor , besitos .
    Dolors Ferre

    • ¡Gracias, Dolors! Sí, la vida a veces es una montaña rusa y hay que encontrar el equilibrio para caminar por ella. Pero soy muy cabezona y, aunque haya un momento de bajón, me pongo en pie y salgo de entre las sábanas.

    • ¡Gracias, Isabelilla mía! Gracias por estar de tantas maneras como estás y has estado… Y espero que sigas estando.

  4. Ánimo, es lo único que se me ocurre, ánimo para ti y para tantisimos mas…incluida yo. Pero a veces es tan dificil…. .Tienen que venir tiempos mejores, aferrémonos a eso. Un besito!

    • Olga, guapa, ánimo y adelante. Tienes toda la razón en que hay momentos desesperantes. Como en todo, solo puede entenderlo quien pasa por esto -y en mi casa somos dos, imagínate-. Hay momentos de tirar la toalla, de preguntarse que ha hecho uno mal, pero, hay que seguir luchando, caer y volver a levantarse, y buscar y buscarse y esperar que lleguen esos tiempos mejores… Ayer decía Mujica, el presidente de Uruguay: “los derrotados son los que dejan de luchar”. ¡Pues a seguir luchando! Ánimo, ánimo y más ánimo. Besos.

  5. Lo que cuentas es la realidad de tantos que estamos o hemos estado en esta situación. Pero hay que luchar cada día porque nosotros valemos mucho, no es nuestra culpa estar ahí, son las circunstancias y así debemos verlo. Mucho ánimo y para arriba siempre valiente!!

    • ¡Cuánta razón, Cristina! Una se pregunta si habrá hecho algo mal, si estará equivocando… Es mejor no caer en eso, porque es de locura total. ¡Gracias por ayudarme en alguno de esos momentos de bajón! Y para arriba, que valemos mucho.

  6. ¡Qué identificada me siento! Hace ya casi dos años que cada mañana busco fuerza y motivación para levantarme, crearme una rutina que me evite caer en la espiral del abandono de uno mismo. Tengo días mejores y otros menos peores, pero creo que he perdido por el camino la esperanza de que suene el móvil con esa oportunidad que se resiste a llegar, así que voy a salir ahí fuera a crearla yo misma 🙂 Ánimo Silvia, seguro que abriremos el horizonte y pronto veremos rayos de luz entre tanta sombra.

    • ¡Cuánta razón, Silvia! Llega un momento en que dejas de esperar y te lanzas tú a buscar esa oportunidad que no surge de otra manera. En el fondo, es lo mejor porque uno se siente activo.
      ¡Ánimo para ti también y vamos a encontrar esa luz! Besos

  7. Cariño mío!
    Mucha fuerza y ánimo cada día. Ya se que no reconfortarán mucho mis palabras… pero seguramente hay algo bueno esperándote.
    ¡¡Con lo que tú vales!!
    Un besazo gigante

    • ¡Gracias, Iria! Todas las palabras reconfortan… Nunca subestimes el poder de las palabras que tú sabes mucho de eso.
      Besazos gigantes y hasta pronto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s