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Hoy 23 de Abril, día lleno de emociones, día especial para los amantes de los libros y la escritura, día de celebración, os dejo este relato que habla del valor de las palabras.

Gracias por leerme y feliz jornada.

Sfoto

Para Isa

S. nació y creció cuando no había tiempo para las letras y las palabras, solo para el sobrevivir. Sus compañeros de infancia fueron el hambre y la penuria y no los cuentos o los juguetes, como se presupone actualmente. Se hizo mayor a base de golpes de la vida, dejando atrás una adolescencia breve de ausencias e inapetencias y trabajó desde joven para sacar a su propia familia adelante. Se enamoró de un muchacho durante el verano más caluroso de la historia de su pueblo, pero él, que estaba solo de paso, se marchó, y aquella relación quedó a medias. Para no perderla en el tiempo, él le escribió cartas cada semana. Cartas que ella no pudo contestar. A S. nadie le había enseñado a leer, ni mucho menos a escribir. Avergonzada por el hecho y por pudor, no se atrevió a pedirle a nadie que se las leyera. Tras tiempo sin saber nada, él, en la distancia, al no recibir noticias, pensó que lo había olvidado. Así pasaron los años… Y durante aquel tiempo, de vez en cuando, S. se descubría echando de menos los besos no dados, el deseo no entregado, los sueños no realizados.

S. se casó, fue feliz a días y a otros le podía la melancolía. Tuvo tres hijos y otros tantos nietos -que la entretuvieron cuando ya no tenía que trabajar.

En aquellas tardes ligeras en que cuidaba de su nieta pequeña, ocurrió lo inesperado: al tratar de leerle cuentos a la niña, esta le enseñó las letras. Luego, más tarde, esas letras se hilvanaron en palabras y finalmente las encadenó en frases que adquirían pleno sentido.

S. empezó leyendo cuentos infantiles para luego asumir lecturas más adultas. Leía todo lo que caía en sus manos o le recomendaban y entre esas páginas encontró las palabras para expresar lo que ella muchas veces sentía y no identificaba.

Con la misma paciencia infinita que había tenido para aprender a leer, se propuso escribir a la par que su nieta también se iniciaba. S. vivía una segunda juventud hecha de libros e ilusión. Y, gracias a ello, aunque no había salido más allá de los confines de su pueblo, a través de otros conoció lugares inexplorados, viajó hasta el centro de la tierra y después a la luna, vivió el amor y lo padeció cual dama rusa y notó la soledad de los cien años compartidos con la familia Buendía.

Hasta que llegó un día que sintió que debía leer aquello que estaba pendiente. Así que tomó el fajo de cartas que guardaba de su antiguo amor y las leyó con la pena anclada a sus entrañas. Tras ello, cogió lápiz y papel y una mañana soleada, cuando estaba en el pequeño jardín de su casa, le escribió una misiva tardía de largas siete hojas a doble cara. Una carta que debía haber escrito cincuenta años atrás. Una carta que ahora contenía toda una vida.

Durante semanas miraba cada día el buzón con ansia, pero allí no encontraba nada. Hasta que un día llegó la carta, pero la respuesta no fue la esperada. Quien le escribía no era él, sino una muchacha, la nieta del hombre del que había estado enamorada. El abuelo, su amor, había fallecido años atrás. En aquel instante, S. sintió que sus fuerzas flaquearon y su corazón por unos segundos dejó de palpitar. Tal vez también hubiera llegado su momento. Sin embargo, continuó leyendo y, en aquellas palabras escritas, la muchacha le agradecía la carta que le había enviado. A ella nunca le había gustado leer, pero aquellas siete páginas estaban tan llenas de sentimiento que le habían hecho descubrir sensaciones que a ella también le asolaban, recordándole cuán importante es el valor de las palabras.

Y es que suele ocurrir así. Lees un libro o alguien te cuenta una historia y te transmite exactamente lo que tú sientes o te toca el alma llevándote a experimentar nuevos terrenos físicos o emocionales. Ese día te das cuenta que los libros transmiten lo que somos y lo que sentimos y que renunciar a ellos es renunciar u olvidarnos de nosotros mismos.

Dejemos que los libros sigan escribiéndose, que las historias sigan fluyendo como lo hace la propia vida. Porque libros y vida van de la mano.

Nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para disfrutar de ellos, al igual que de la vida. S. lo había aprendido y me lo transmitió para que recordara que en cada uno de nosotros está poder descubrirlo… a través de las historias y las palabras. Tal vez, ojalá, a través de este pequeño cuento.

Silvia G. Guirado

Foto tomada en Sigulda (Letonia), 2012

 

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9 pensamientos en “historiaS.

  1. Preciosa historia o cuento me ha encantado toda una realidad y buen sentido y expresividad para un dia tan especial como hoy me encanta leer feliz dia de Sant Jordi , del librony la rosa , besitos guapisima
    Dolors

  2. Que bueno es para mi levantarme en la mañana y encontrar un texto que me diga “lee tu ahora que puedes!” y mas importante que leer.. “siente lo que estas leyendo!” Al parecer actualmente las personas estamos demaciado ocupadas tratando de sobrevivir en un mundo de competencias [el hambre y la miseria de la gente moderna], podemos leer pero no lo hacemos! de tanto enfrascarnos en nuestras propias luchas…
    Habria sido triste para mi tener que llegar al fin de mis dias sin haber sentido la calidez, pasión o melancolia que puede encerrar cada libro…
    Gracias por la lectura!

  3. Precioso el relato. Y precioso porque recuerda el poder de las palabras y de la injusticia de quienes no las conocen escritas. A mí, que también me encanta leer y soy una loca de los libros, hoy me vienen sentimientos contradictorios. Por un lado, entusiasmo de que los libros tengan su día, las ferias, el contacto más directo con los escritores… Pero por otro no puedo evitar no acordarme de todas aquellas personas que no tienen acceso a tener una educación que les permita escribir y leer. Así que sí, el día del libro, pero para mí, otro día concienciada con la falta de oportunidades en el Derecho a la Educación.
    Gracias por tu relato,

  4. Al final no lo leí cuando iba de camino al colegio, lo he leído ahora; ahora que estoy en mi cama dando fin a un día intenso… La lectura, como tantas cosas bellas en la vida, se toma su tiempo. Y luego dices tú de mis palabras…ole tú, de verdad. Sé por lo que ambos dejamos entrever que tu mar anda algo revuelto, que quizá te sientes como un velero perdido en medio del océano, o que las palabras solas no bastan y necesitas una ayuda que caiga del cielo y que te dé de nuevo colores olvidados, pero en serio… que le toques a la gente el corazón sin mover ni un ápice de tu cuerpo, tan solo usando palabras… que le des a las palabras el valor que tienen… eso no tiene precio, así que respira, escritora, que estás viva y tienes palabras, y mucho don. ¡Qué bonito y poderoso es eso! Un abrazo grande, y gracias por este relato.

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