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La palabra perdida

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Después de todos los mensajes recibidos, de todo el ánimo y cariño que me habéis entregado esta última semana, solo puedo daros las gracias de la mejor manera que sé: escribiendo. Aquí os dejo un breve relato que es para todos vosotros y, en especial, para mi amiga Bienve. Porque hay personas que llegan a nuestra vida de la forma más inesperada y se quedan ahí para siempre y porque hay palabras que no debemos dejar en el olvido y darlas por perdidas.

 

LA PALABRA PERDIDA

Para Bienve

Existió una vez un lugar donde había ciertas palabras que sus habitantes jamás pronunciaban. Ellos no se habían dado cuenta y apenas las echaban de menos. Así, el por favor estaba en vías de extinción, el buenos días se había sustituido por un gruñido y el gracias había sucumbido en las conversaciones, las preguntas y los favores.

Cuando algún niño encontraba esas palabras en algún cuento, no podía evitar preguntarles a sus padres por su significado, pero ellos no lograban recordarlo. Sin embargo, durante unos minutos esas palabras se quedaban ahí, colgadas en su pensamiento con un cierto poso de nostalgia intentando abrirse camino entre sus recuerdos. Pero, inmediatamente, se olvidaban de ellas. Había otras cosas prioritarias.

Una mañana cualquiera en ese lugar, una mujer gruñona y de vida apática corría, como era su costumbre, hacia el lugar de trabajo. Formaba parte de su ritual diario, levantarse justa de tiempo, para abrirse camino a grandes zancadas y así llegar a la hora indicada. Pero de tanto correr, arrasar y ver la vida pasar, esta la detuvo, haciéndola trastabillar aquella mañana cualquiera. Al perder el equilibrio, chocó con un hombre de larga barba blanca y ambos cayeron al suelo, mientras sus pertenencias se desperdigaban. La mujer gruñona y de vida apática parecía dolorida y, entre quejas y lamentos, intentó ponerse en pie sin conseguirlo. El hombre de larga barba blanca, a pesar de la edad, se levantó con facilidad y le ofreció la mano para ayudarla. La mujer con más gruñidos si cabe, se levantó y se colocó su falda y sus cabellos sin apenas mirar al hombre. Este, a pesar de ello, le sonrió y le recogió algunos de los bártulos caídos al suelo. Ella resopló molesta y el hombre acabó por marcharse cabizbajo. Acto seguido, la mujer siguió recogiendo el resto de cosas hasta encontrar algo que no era suyo: un libro. Rápidamente, pensó que sería del hombre de larga barba blanca, pero aunque miró a su alrededor, este ya no se encontraba cerca. La mujer, sin prestar atención al libro, lo guardó en su bolso.

Aquella mañana la mujer gruñona y de vida apática no llegó al trabajo. El dolor de la caída era intenso y el médico le sugirió que guardara reposo. De vuelta a casa, se estiró en su cama mirando el techo sin saber qué hacer. Pero, de repente, recordó el libro que había guardado en el bolso. Lo cogió y, aún con cierta desgana, lo empezó a leer… Durante los días de reposo fue su mejor compañero y aliado ante el devenir lento de las horas.

En ese transcurrir de días y lectura, ella empezó a sentir en el pecho algo a lo que no sabía darle nombre. Era algo enérgico, fuerte y que, al finalizar el libro, le hizo levantarse. En la contraportada del ejemplar aparecía el nombre de un lugar llamado biblioteca y la mujer, menos gruñona que de costumbre, sintió que necesitaba devolver aquel libro a quien pertenecía. En el camino hacia a aquel sitio, su sonrisa se fue dibujando para lograr borrar por completo su grosería y su tristeza.

Al llegar al lugar llamado biblioteca –desconocido casi por completo para los habitantes-, la mujer llamó a la puerta. Tras unos instantes, apareció el hombre de larga barba blanca. Y la mujer sin pudor y con la sonrisa puesta, habló:

-Quería decirle algo, pero no logro saber lo que siento… Así que simplemente le devuelvo el libro.

El hombre cogió el tomo y lo abrió buscando algo entre sus páginas impresas.

-Espere-le dijo a la mujer.

Al fin, había encontrado lo que buscaba y se lo mostró a la mujer. Su dedo señalaba una palabra concreta y  ella, arrastrando las letras, la pronunció: gggggrrrraaaaaaaaaaaaaaaaaaaacccciiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaaaassssssssssssssss.

La mujer, de alguna manera, tomó conciencia: ” ¡Esa era la palabra que tanto anhelaba! ¡Eso era lo que ella sentía y a lo que no sabía darle nombre!”

Emocionada, casi con lágrimas en los ojos, dijo:

-¡Gracias por el libro y por todo lo que me ha recordado!

El hombre sonrió y, nuevamente, habló:

– Ahora que esta palabra ha vuelto a ser pronunciada, ya puedo dejar mi misión. Durante años y años he sido el encargado de velar por ella y, por otras tantas palabras que se empezaron a perder por la falta de empatía entre las personas. Para protegerlas, yo las guardé en esta biblioteca, entre sus tomos y libros, hasta que alguien las rescatara. Y esa has sido tú. ¡Gracias!

Los días posteriores, aquella palabra se fue extendiendo y aquel sentimiento de gratitud volvió a la vida, porque en el fondo, todo el mundo tenía algo por lo que dar las gracias. Y cada vez que lo hacían, algo vibraba en ellos haciéndoles sentir mejor.

Poco a poco, como suelen suceder las cosas, esa y otras palabras perdidas fueron retornando para dar voz a aquellos sentimientos que prenden en el interior de las personas. Pero es ya es otra historia…

Silvia G. Guirado

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34 pensamientos en “La palabra perdida

  1. Mucha falta hace ser agradecidos y expresarlo! Pues eso Silvia, “gracias” por este relato que nos recuerda la importancia de esas palabras mágicas que no solo suenan bien sino que sientan bien. Y por partida doble, quien las pronuncia y quien las recibe.

  2. Tu historia me pega mucho, y te digo por qué: soy de las que dicen “gracias” por todo, y “buenos días” incluso a los vecinos que se me cruzan y que aunque sepan que vivimos en la misma finca, ni siquiera levantan la cabeza para corresponder el saludo. Ramón me dijo una vez “¿por qué les saludas, si nunca te responden ni te miran?” y yo le digo “porque es importante decirlo, aunque sé que no recibiré una respuesta a cambio. No lo hago por ellos, lo hago por mí.” Es como el documental del agua: decir cosas positivas, estar agradecido, repercute en todo lo que nos rodea, y somos nosotros quienes tenemos que trabajar ese “gracias” y ese “buenos días”, día sí, día también. Porque ese gracias, aunque no esté pensado para nosotros (cuando se lo decimos a otra persona), en el fondo nos “rebota”. No sé si me explico

    Así que GRACIAS MI NIÑA, por tan preciosa historia.

    • Yo te tendría que dar tantas veces gracias, Bienve, que no me valdría todo el tiempo del mundo. Pero al menos lo intento con este cuento. ¡Gracias! 🙂

  3. Me encanta, sin lugar a dudas, valores y palabras que debemos aprender desde niños y digo debemos porque tendría que ser una obligación para los padres. Recomendaré tu blog a varias jóvenes italianas que buscan lecturas para aprender español, un beso y sigue así! Y gracias a Bienve por ser como es!!!

    • ¡Cuánta razón, Sonia!Para poder dar las gracias, hay que enseñar a sentir ese agradecimiento y saber pronunciarlo. Es nuestra obligación enseñarlo a las nuevas generaciones y nosotros tenerlo siempre bien presente para no olvidarlo. Y mil gracias por eso de recomendar mi blog. Sería un placer tener lectoras italianas.

      • Silvia, en mi blog tienes una sopresa para mí,aunque tú no necesitas de estas cosas para tener visitas, pero me he acordado de tí, un besito

  4. Yo sufro de empatía, suelo ayudar a todo el mundo, el problema surge cuando yo necesito la ayuda, todos bajan la cabeza, mi misión creo es lograr superar que aunque haga cosas buenas, no tengo que esperar nada a cambio, pero a veces tengo que admitir que no lo logro. Gracias por tu relato

    • Creo que eso es una de las cosa más difícil del ser humano, Cristina. No crearse expectativas, no esperar nada de los demás… No te sientas sola en ese aspecto, creo que nos pasa a muchos, pero poco a poco tenemos que aprender a no hacer elocubraciones y no poner nuestro estado de ánimo en las manos de los demás. Poquito a poco. Un abrazo

  5. Silvi.. de todas las acciones del mundo, mi preferida y la que practico a diario es la gratitud. Doy gracias por todo, desde que me levanto hasta que me acuesto. Empecé a hacerlo tras leer ” Los diez secretos de la riqueza abundante” y luego volví a hacerlo con ” El secreto”. Ahora sigo haciéndolo tras leer “La magia” y, mira tu por donde,ahora tengo otro relato de la gratitud en mi colección con “La palabra perdida”. Un relato precioso y muy emotivo.

    • Tienes razón, Lore, ese es un gran ejercicio. Tengo una amiga que la semana pasada me recomendó que lo hiciera al irme a dormir.
      A veces parece que las cosas nos van en contra, pero en lugar de quedarse ahí, es mejor pensar en aquello bueno y dar las gracias, porque como diría Sabina, nos sobran los motivos. Besazos PD: ¿Estoy cumpliendo, eh, pepito grillo?

  6. Precioso relato Silvia. Lo voy a imprimir para trabajarlo en el cole con los niños, que a ellos tampoco se les olvide el poder de estas palabras olvidadas.
    Y, no sé por qué, pero me han entrado unas ganas locas de releer una vez más “El despertar” 🙂
    Gracias!!

    • ¡Qué alegría que te haya gustado, Ikerne! Ya me explicarás que tal ese trabajo del relato con tus niños.
      Aiss, “El despertar”… Es que Bella y Griselda son lo más: divertidas y muy sabias 😉 ¡Cuánto me gustó escribirlo!

  7. Gracias por recordar el “gracias”, que para mí es fundamental (a veces, por inercia, doy las gracias en momentos en los que tocaba que me las dieran a mí, no digo más), gracias por hacernos pensar en todas esas palabras olvidadas que tienen un redescubrirse y gracias por hacerlo de una forma tan amena y bella.

    Ruth

    • ¡Mil gracias a ti por leerme y escribirme! Me parece mágico que alguien se tome una parte de su valioso tiempo para leerme.

  8. Gracias, por escribir tan bien , gracias por querer compartirlo Es un relato muy bonito. No dejes nunca de escribir.
    Un abrazo

  9. Pingback: Martes … ¡de sorteazo! | Cinderella's Scrap Room

  10. Preciosa historia!!! Yo entiendo perfectamente el mensaje, pues también vivo con el gracias, forma parte de mi ser. Leo muchos libros de auto-ayuda y de un tiempo a esta parte valoro mucho todo, es increíble como cambia todo a tu alrededor cuando piensas en lo afortunada que soy por todo lo que tengo y como la precepción de vivir agradecida es tan mágica. Todo se vuelve más fácil y la mente se abre inexplicadamente. Te felicito Silvia por tu relato tan entretenido y real. Gracias princesa!!!! ( Espero haberme expresad bien)

    • Tienes toda la razón, la percepción que tenemos de las cosas influye en la manera en que vivimos. Las circunstancias pueden ser de una manera u otra, pero nuestra manera de afrontarlas es la clave, aunque no siempre sea fácil. Gracias por pasarte y leerme. Un abrazo. PD: Te has expresado magníficamente 😉

  11. ES UNA PALABRA QUE DESDE QUE AMANECE EL DIA DEBEMOS DAR GRACIAS A DIOS, Y CADA MOMENTO DE NUESTRA VIDA. GRACIAS PRECIOSA POR TU REGALO Y DULSURA CADA VEZ QUE PUBLICAS ALGO, ES CON AMOR. GRACIAS . . .

  12. Es verdad, desde el mismo instante en que abrimos los ojos… tenemos motivos suficientes para dar gracias!!! Linda Historia!!!

  13. Pues… GRACIAS, por escribir, por inspirarme a hacerlo, como siempre. A veces no queremos darnos cuenta, o no dedicamos el tiempo oportuno a hacerlo, pero hay tantos momentos, tantas cosas, y sobre todo, tantas personas que nos invitan a crecer, que si fuéramos del todo conscientes daríamos las ‘gracias’ más a menudo, en cada resoplido, en cada suspiro, en cada parpadeo. Me resulta muy mágico y curioso el destino; cómo una persona que escribe un libro (por poner un ejemplo) puede tocarte la vida, y despertar un camino que vive en ti, pero que no sabe cómo andarse, cómo asfaltarse, cómo saberse camino. Por suerte voy encontrando muchas personas, muchos momentos, y muchas cosas que me hacen ver eso: lo bello de la vida, y lo bello de la mía en concreto. Sé que quizá esto que voy a decir ahora no suene muy bien, pero creo que en el fondo es incluso más bonito (espero que así lo entiendas): puede que no seas la mejor escritora del mundo, puede incluso que nunca llegues a estar en las listas de los mejores, como tampoco lo conseguirán tantos otros en sus campos: fotógrafos, cantantes, cocineros,… que también me despiertan algo y me ayudan a construir mi camino; pero por pequeño o grande que sea el impacto en tu caso con tus palabras e historias conmigo, yo lo aprecio y creo que debes estar más que contenta por ello. ¡Seguimos leyéndonos!

    • Gracias a ti por tu comentario, pero también miles de gracias por leerme desde aquel día en que escondida tras un parche intenté dar color al mundo.
      Y gracias por ese comentario tan bonito -tienes mucha razón-, a veces no es tanto, lo bueno u originales que seamos, sino que, sencilla y grandemente, lleguemos a la vida de los demás y, de alguna manera, formemos parte de ella. Al igual que yo entré, escondida bajo ese parche, en la tuya, tú lo haces en la mía cada vez que te leo. Besos

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